la esperada superproducción plantea la necesidad de mirar al mundo con los ojos de otras personas
Sábado 19 de diciembre de 2009
Para su director, el canadiense James Cameron, la esperada superproducción que se ha estrenado este viernes en nuestro país plantea la necesidad de mirar al mundo con los ojos de otras personas y de estar abiertos a culturas diferentes y a otros puntos de vista.
Para su director, el canadiense James Cameron, la esperada superproducción que se ha estrenado este viernes en nuestro país plantea la necesidad de mirar al mundo con los ojos de otras personas y de estar abiertos a culturas diferentes y a otros puntos de vista. En definitiva, nada nuevo, porque lo cierto es que su argumento recuerda poderosamente a aquellos telefilmes de indios a los que los colonizadores norteamericanos pretendían arrebatar su tierra sin tener en cuenta sus costumbres y su civilización. En Avatar, los indios son azules y de mirada amarilla, pero igual que los de antaño, se peinan con largas trenzas, van armados con flechas y cabalgan velozmente, aunque, en este caso, sea surcando los vientos a lomos de extraños y enormes pájaros multicolores.
Claro, estamos en el año 2154 y las cosas han cambiado desde los tiempos del lejano oeste. Los americanos son ahora la raza humana en general y los indios, de la especie Na’vi, viven en un idílico planeta de gran belleza plástica llamado Pandora que tiene la fortuna, o, más bien, la desgracia de guardar en su subsuelo un riquísimo material que codician los de la Tierra. Y mientras que los científicos han puesto en marcha un delicado proyecto para conocer a los Na’vi y confraternizar con ellos, a la vez que aprender de su ecológico y espiritual modo de vida, los militares, incitados por los poderosos intereses comerciales de las grandes empresas, quieren empezar cuanto antes a quitar de en medio todo lo que está retrasando la lucrativa expedición. Ya ven, un argumento muy conocido a lo largo de la historia. Tampoco falta el héroe, un ex marine en el cuerpo de un avatar Na’vi, que se pone al servicio de la misión de salvar a los indefensos moradores de Pandora y que, por supuesto, se enamora de la bella hija del gran jefe de la tribu.
De modo que lo que hace de esta cinta una gran novedad, de la que, además, se dice que ha llegado para reinventar el cine como espectáculo, no es la trama sino la tecnología con que la misma ha sido rodada. De hecho, James Cameron ha tenido que esperar más de una década para plasmar en imágenes el sueño que llevaba dentro. Él mismo ha confesado que empezó a pensar en el proyecto a mediados de los noventa, pero entonces, lo elevado del presupuesto y la falta de una tecnología avanzada, le obligaron a aparcar su megalómana empresa. Hasta que nació la técnica denominada Motion Capture, utilizada por Peter Jackson y los especialistas en efectos visuales de Weta para “Las dos Torres”. Consiste en registrar los movimientos de un actor real con unos sensores especiales y manipular después los datos obtenidos con ayuda de programas informáticos hasta recrear un personaje virtual en tres dimensiones generado totalmente por ordenador.
El largometraje, con un presupuesto cercano a los 300 millones de euros, combina las imágenes reales con las llamadas imágenes de síntesis y lo mejor, sin duda, es que resulta difícil distinguir las unas de las otras. También encontramos a los actores reales conviviendo no sólo con los esbeltos Na’vi, sino también con sus propios avatares. El actor Sam Worthington (Terminator Salvation) encarna al joven héroe protagonista y junto a él, la atractiva Zoe Saldana, Michelle Rodrigues, Giovanni Ribisi y toda una veterana en esto de la ciencia ficción: la indispensable y siempre convincente Sigourney Weaver.
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