Domingo 20 de diciembre de 2009
Uno de los ministerios más prescindibles del Gobierno de España es el de Igualdad, no sólo por su contenido, sino por la aptitud de la titular del Ramo, Bibiana Aído. Con ser importantes sus funciones, no es menos cierto que éstas pueden ser desempeñadas perfectamente en el marco de una Dirección General dependiente, por ejemplo, de Presidencia del Gobierno, si lo que se pretende es dar relumbrón a una cuestión de tanto calado. Pero de ahí a crear un ministerio específico, con todo lo que ello conlleva, média un abismo. Pero, en opinión del señor Zapatero, el fin justifica los medios. Y si el fin es tener un negociado destinado a crear cortinas de humo que entretengan a la opinión pública y la distraigan de los problemas que realmente afectan al país, no ha de escatimarse en medios. De ahí que el peso político de una ley como la del Aborto, de contenido eminentemente sanitario y jurídico, haya recaído en Igualdad, en detrimento de Sanidad o Justicia. Y eso tiene sus consecuencias.
Entre ellas, la constitucionalidad de algunos de sus elementos formales. Dejando a un lado cuestiones de fondo, cuesta entender cómo una iniciativa de este tipo puede haber pasado por encima de aspectos tan fundamentales como la confidencialidad de los facultativos sanitarios. En consonancia con esto último, hasta el estudiante de derecho menos avezado vería con toda nitidez que publicar listas de médicos que se opongan a llevar a cabo determinadas intervenciones quirúrgicas atenta gravemente contra la Ley de Protección de Datos, al mismo tiempo que quiebra el derecho a la intimidad consagrado en el artículo 18 de la Constitución. Por no hablar de la objeción de conciencia a que determinados profesionales pueden acogerse en el ejercicio de su lex artis.
Conviene recalcar que nada de lo anteriormente citado guarda relación con posiciones morales o ideológicas en uno u otro sentido, todas ellas igual de respetables dentro de los cauces democráticos que habilita el Estado de Derecho. Pero lo que es de todo punto inaceptable es tomar atajos alegales con el único fin de salirse con un propósito político, y en este caso además cosmético. No había demanda social alguna de tocar la Ley del Aborto; tal y como estaba, encajaba correctamente en el devenir legislativo cotidiano. Pero con este proyecto legislativo, el señor Zapatero se ha asegurado una buena dosis de fotos y titulares que ha desviado la atención de la delicadísima situación económica que vive España, a la par de alentar un sector de voto radical que el señor Zapatero cultiva con primor desde el 2004. Y la más lista de la clase ha sido Bibiana Aído quien, con su escasa preparación y ademanes un tanto subidos de tono, ha sabido acaparar los flashes en una etapa de especial desgaste para el Ejecutivo. No estaría de más que la oposición ignorase semejantes señuelos y fuese a lo que realmente importa. Materia no le falta, desde luego.