Opinión

Honduras intenta recuperar el pulso

Domingo 20 de diciembre de 2009
Las decisiones que hasta el momento ha adoptado el presidente electo hondureño, Porfirio Lobo, están siendo, mesuradas, discretas y acertadas. Sabedor de que su toma de posesión habrá de esperar hasta enero por cuestiones de procedimiento, el ganador de las pasadas elecciones hace y deshace con suma prudencia, pues no le conviene actuar de manera impulsiva ante la enorme tensión que ha vivido -y aún vive- el país. Así, ha manifestado su total apoyo a la iniciativa propuesta por el actual presidente de facto, Roberto Micheletti, para desvincular a Honduras de la Alianza Bolivariana para las Américas -ALBA-, formada también por Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, entre otros: un tablero internacional que está en la antesala de las tensiones vividas por el país centroamericano. Pero al mismo tiempo, ha solicitado a las autoridades hondureñas actuales que faciliten la salida de Manuel Zelaya de la embajada de Brasil, en la que lleva ya demasiado tiempo retenido.


En ambos casos, Lobo tiene razón. Por lo que respecta a la salida de ALBA, la decisión no puede ser más acertada. Si Honduras quiere afrontar su futuro con garantías, lo mejor que puede hacer es desembarazarse de compañeros de viaje del pelaje de Evo Morales, Daniel Ortega o -sobre todo- Hugo Chávez, cuya injerencia tanto daño ha hecho al país. Y en cuanto a la salida de Zelaya, bien podría aplicarse aquella máxima de “a enemigo que huye, puente de plata”. El pueblo hondureño, con su alta participación y su implicación en un proceso electoral sin apenas incidentes, mostró a las claras su intención de emprender una nueva etapa, en la que sobraba Zelaya. Y la mejor manera de romper con el pasado es dejar a un lado a los que fueron para abrir paso a los que legan. De ahí que la salida de Zelaya parezca la mejor decisión. Otra cosa es a dónde, pero eso ya no depende del pueblo hondureño, a quien sólo ha de preocupar ya su futuro inmediato. Si tantos apoyos tenía Zelaya y tan importante era su mensaje político, no deberían faltarle anfitriones que le acogieran con los brazos abiertos. Aunque parece que, como se preveía, quemado ya como títere de Chávez, la lista de amigos se reduce. Son los riesgos de embarcarse en aventuras populistas.