Opinión

Humilde opinión de un simple hablante del idioma español

Marcos Marín Amezcua | Miércoles 23 de diciembre de 2009
Se ha presentado con bombo y platillo la Nueva Gramática de la lengua que nos comunica y que nos une en los cinco continentes.

El idioma español no es poca cosa y ha cobrado en las últimas décadas un auge tal digno de consideración, acaso inusitado, empero convirtiéndose así en una de las primeras lenguas más habladas del mundo y la primera de las romances, con signos claros de seguirse expandiendo.

Es una lengua viva y la hacen los hablantes, como siempre ha sido. Las academias y quienes las siguen con denodada entrega, nunca ni por error deben olvidarse de ello. Como ha sucedido también con la publicación de su ortografía, presentada en 1999 y de nuevo ocurrió en años recientes con el Diccionario Panhispánico de Dudas, la Nueva Gramática dada a conocer recién en Madrid con el concurso de las 22 academias que forman un cuerpo unificado, seguro que también despertará filias y fobias por doquier, justas o injustas, pero inevitables. Moverá a la profunda y flamígera reflexión como desde ya está ocurriendo, pues de entrada reclama ser un instrumento que contempla al idioma español de todo el mundo. Enhorabuena que lo haga.

La obra recientemente estrenada nos permitirá identificar en dónde estamos parados. Cual obra humana que es, no tengo la menor duda de que puede ser perfectible y dejará en claro muchos puntos que quizás, ya se vienen arrastrando y ameritan ser abordados de manera contundente y apegarlos a un criterio certero y unificador, siempre panhispánico. Que prime la palabra como materia de diálogo, siempre es elogiable.

Por otra parte, soy de quienes no se espanta ante los neologismos o por la adopción de determinadas palabras cuando o se carece de ellas en español o de plano, la palabra en otra lengua describe la idea que precisamos. Ya el tiempo se encargará de incorporarla tal cual, castellanizarla o desecharla, que también puede ocurrir, como así ha sido desde que se empezó a fraguar el idioma en el corazón de la otrora Castilla la Vieja. Por eso ante el idioma vivo que compartimos no caben ni las alharacas ni andarse con falsos pudores, pues estamos en presencia de una lengua viva, pujante y robusta.

Y es que resulta frecuente que por mirar el árbol perdamos de vista el bosque. A unas y a otras palabras se las puede adoptar, siempre que cumplan los lineamientos que los propios hablantes y las señeras academias han ido fijando en conjunto con el paso del tiempo, ya sea que las adopten de manera consciente o inconsciente, tanto monta, y me parece inadmisible entonces rasgarse las vestiduras por la adopción de cierta palabra extranjera, pues eso mismo ha hecho el idioma casi, casi desde que se inventó. Podríamos decir por ejemplo “gran ola” u “ola destructora”, sí, pero tsunami me parece que es una cierta clase de ola con características muy especiales y que puede ser muy asesina, que no tiene parangón.


Así, no apoyo introducir palabras extranjeras per se, pero nunca apoyaré el “sólo vale”. Ni el “todo vale”, tampoco. Por el contrario, me queda clara una idea muy puntual: una palabra expresa una idea. Ergo, pongamos atención en aquellas palabras que pueden precisar o expresar mejor una idea. ¿Qué vienen de otra lengua? tendremos entonces un trabajo cuádruple: o las traducimos a la que corresponda o encontramos la valedera en español y que corresponda adecuadamente a lo que se pretende decir o acuñamos una medianamente aceptable o adoptamos a la recién llegada. Cierto, no podremos sino intentar el conjugar la preservación de la regla con la utilidad del vocablo que expresa una idea determinada.

Volviendo a la gramática de reciente publicación, mi contacto constante con el español escrito en ambas orillas del Atlántico entre la primera mitad del siglo XVIII y las primeras dos décadas del XIX, me hace recordar tres cosas inefables: la lengua cambia y todos sus valores rectores actuales nunca han sido los mismos; hay que recordar que el idioma ha desechado ya en otras épocas, ciertas formas que le eran propias como también ha adoptado otras que hoy le atribuimos como eternas o de toda la vida, sin serlo, y que claves y maneras de abreviar, códigos efímeros de escritura, estilos y adopciones fugaces siempre han existido. Espantarse por la usanza desbordada actual, carece en parte de sentido, pues la lengua se ha mantenido unida. Lo dicho: hay modas pasajeras y límites generacionales y sociales que hacen regresar a su cauce las aguas desbordadas de una lengua viva.

Hagamos votos para que quepa la sensatez en la obra recientemente alumbrada y que de verdad esté a la altura del siglo XXI, al que dice pertenecer. Que los académicos conozcan las calles del mundo hispánico y no pretendan so pretexto de fijar y dar esplendor –lema que también tiene sus limitantes– meter con un calzador ciertas reglas que en la práctica simplemente no corresponden a la realidad y a la fuerza de nuestra lengua, convirtiéndose en letra muerta como luego sucede a menudo.

¡Qué gran noticia supone la aparición de este importante instrumento! será guía y ayuda para quienes en el mundo, hablamos español.

Por último, quisiera señalar que la foto que nos ha obsequiado El Imparcial al difundir la noticia de este esperado parto, nos parece digna de ser descrita. Puede verla el apreciable lector en este enlace http://www.elimparcial.es/cultura/los-reyes-acompanados-de-academicos-y-escritores-presentan-la-inueva-gramaticai-53457.html.

Es de incalculable valor y de irrepetible hechura.

En ella destaca de manera magistral el feliz momento en que Su Majestad el Rey de España recibe sendos tomos en la sede de la Real Academia Española.

El monarca muestra una cara de satisfacción entendible y digna de ser valorada, cuando ha recibido esta obra trascendental, captado por una lente experta; carga estos volúmenes cual si emprendiera la alegre tarea de iniciar una imparable consulta, tras de hojear a vuelo de pájaro el tomo que revisará primero. Acaso soporta estoico el peso que representa la suma de los volúmenes recibidos, puesto que sabe que en el fondo, vale la pena el esfuerzo de cargarlos, mismo que será muy bien recompensado al resolver a través de ellos, aquellas dudas más puntuales que pudiera albergar hasta el día de hoy.

¡Felicitaciones a todos los hablantes por contar desde ya, con esta obra básica de consulta!

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