Opinión

Política y fútbol, mal maridaje

Jueves 31 de diciembre de 2009
El año que acaba ha visto coronarse al F. C. Barcelona como el mejor equipo del mundo. Ha ganado prácticamente todos los títulos que ha disputado aunque, curiosamente, sólo se le ha resistido ha sido la Copa de Cataluña, a la sazón el único torneo eminentemente catalán que jugaba. Si nos atenemos al pensamiento de su presidente, éste y no otro debería de ser el que más valorase, toda vez que Joan Laporta se distingue últimamente más por su militancia secesionista que por su labor al frente de un club de fútbol. Así, el ínclito dirigente barcelonista despedía el año haciendo suyas las palabras del Presidente de la Generalidad, José Montilla, haciendo referencia a Cataluña como nación.

Además, y coincidiendo con el primer día del año, empieza una gira por 122 localidades catalanas y del sur de Francia de un autobús-homenaje que exhibirá los 6 trofeos ganados en 2009 por el Barcelona. Debe ser que al señor Laporta no le merecen respeto la enorme cantidad de peñas barcelonistas que pueblan el resto de la geografía española. Valencia, Andalucía y, desde luego, Madrid cuentan con un buen número de aficionados “culés”. Son gente que simplemente disfruta con el fútbol de su equipo -por lo demás, magnífico-, con independencia de su adscripción política.

El señor Laporta está en todo su derecho de defender la opción política que estime más oportuna. Pero lo que no debe hacer es utilizar su puesto como dirigente de uno de los clubes más importantes del mundo a modo de altavoz de sus ardores secesionistas. El F. C. Barcelona forma parte de la Liga de Fútbol Profesional Española y de la Real Federación Española de Fútbol. Gracias a ello, ha podido inscribirse en la Liga española, la Copa del Rey y la Champions, entre otros torneos que ha disputado. Si su presidente no se siente cómodo en ese “marco de españolidad”, gracias al cual se ha podido asegurar la pertenencia en todas aquellas competiciones que ha ganado, nada que objetar. Que no las dispute más, y se circunscriba únicamente a la Copa Cataluña y a jugar contra el Mollerusa o el Palamós. Por fortuna, el F. C. Barcelona es mucho más que la carrera política de un excéntrico sujeto que no puede ni por un momento empañar una de las gestas más importantes en la historia del fútbol.