Martín-Miguel Rubio Esteban | Sábado 02 de enero de 2010
Estábamos todos tan tranquilos, tan irreflexivamente “felices” en esta abisal recesión económica, cuando de repente nos despierta de nuestra modorra del primer mundo la impertinente Aminetu Haidar, mujer y madre saharaui, haciendo salir del subsuelo de nuestra memoria patria pecados políticos fantasmales que creíamos muertos y enterrados. Pero no; que aunque agazapados están horriblemente activos, y su comisión indubitable hace casi siete lustros hace que esta mujer y madre viva hoy en un país sin libertad, oprimido por otro pueblo también sin libertad, que su acción de mujer libre la ponga en peligro de muerte y en prisión horrenda, y que tenga ella misma que poner en peligro su joven vida para llamar la atención al mundo. No sé si será por la atmósfera que nos trae la Navidad, por ese nacimiento de un Niño Dios a quien se crucificó por proteger siempre el bien, pero creo que es un deber moral usar la libertad que nos hemos otorgado los ciudadanos españoles para manifestar aquello que en Marruecos puede suponer la cárcel, pero que en España – supongo – aún no te encarcelan por decir “tu” verdad, que la verdad “sensu stricto” no la puede ocupar nadie totalmente, según dijera nuestro Séneca. No sé. Pero es tan grande la montaña de hipocresía política y moral que se levanta en esta sociedad nuestra, que me parece un deber moral en estas navidades ofrecer como pequeño regalo un poco de incomodidad propia (la libertad política no te libra de los mezquinos) a una mujer y madre desconocida que no tiene la suerte de escribir, como yo, en el periódico de un liberal de raza que aunque estoy seguro que no comparte conmigo para nada mis tesis, sé de fijo que lucharía siempre por mi libertad. Y la suerte también de escribir en una Democracia, claro.
El gobierno de España traiciona paladinamente la doctrina del Estado español sobre el Sahara Occidental, al distanciar sideralmente dicha doctrina de su maldita política exterior efectiva. Ha llegado a reconocer en el sensible asunto de Aminetu Haidar la titularidad marroquí (“vade retro, Sátanas) en las entrañables tierras del Sahara español, tan queridas para tantos buenos patriotas españoles (v. gr. los desterrados otrora a Villa Cisneros). Una cosa es que de modo tradicionalmente infame la dorada cúspide del Estado español se autodenomine hermana de la tiránica y genocida monarquía alauita – Dios los cría y ellos se juntan -, y otra cosa muy distinta es que nuestro Presidente del Gobierno, representante de la voluntad general de la Nación desde la teoría política de Sièyes por mor de dos elecciones generales sucesivas, se muestre como un primo de los gobernantes facinerosos de Marruecos.
En noviembre de 1975 el Estado español traicionó alevemente, en un escándalo que llegó a todas las partes civilizadas del mundo, a la zona que hasta entonces había estado organizada en varias provincias españolas…, con sus institutos de secundaria, hospitales de la Seguridad Social, iglesias y mezquitas, etc. y en las que el INI tenía previsto invertir hasta 1980 doscientos mil millones de pesetas de entonces. Si la traición entonces fue de facto, la de ahora es de iure. Cuando es el ius gentium la única arma que le queda al abandonado pueblo saharaui.
Ni aunque fuesen realmente hermanos el Borbón y el monarca alauita – que no lo son -, un Estado de Derecho bajo una monarquía parlamentaria no puede conculcar las más elementales normas del ius gentium – derecho que tanto desarrollaron nuestros grandes teólogos renacentistas en Salamanca – por puros intereses personales o dinásticos.
Bien es verdad que la traición de entonces – la de noviembre de 1975 – se podría entender desde una situación confusa de transición política complicada. Pero la de ahora no se puede entender ni mucho menos justificar de ningún modo. De ningún modo honorable. Vivimos en una sociedad libre en la que yo mismo puedo escribir “esto”. Por lo que no se puede entender ahora esta nueva traición de carácter moral y espiritual.
Ahora también nos enteramos de que la joven saharaui Fatimetu Mint Rahel – no olvidemos que sus padres deberán aún conservar el D.N.I. español – ha sido detenida, torturada y amenazada con la violación múltiple por los sicarios de la monarquía alauita (¡siempre tan heroico y valiente el ejército marroquí!) por el mero hecho de atreverse a visitar a la nacionalista saharaui Aminetu Haidar.
El 2 de Noviembre de 1975, fecha siempre memorable por ser el cumpleaños de la Reina Doña Sofía, Don Juan Carlos I, entonces Príncipe de España, declaró en el Aaiún: “Deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia lo exigen”. Etenim, ergo, igitur, con dos divisiones de línea entrando por el Aaiún y Villa Cisneros respectivamente, reforzadas si fuera necesario por dos batallones motorizados, traídos de aquellas partes del mundo en que no defendemos nuestros intereses más inmediatos y vitales, se detendría en un periquete la conculcación sistemática de los derechos humanos más básicos (Declaración Universal de los Derechos Humanos) del antiguo y abandonado pueblo español de los saharauis. Después de todo, para la ONU España sigue siendo la potencia administradora del Sahara Occidental. O si no, que entre más propiamente el ejército de la ONU. Y si no, al final acabará entrando Francia, como ya hizo Sarkozy en su antigua colonia del Chad, en la que pareció reencarnarse en un nuevo y glorioso Leclerc, y al que ciudadanos españoles secuestrados le mostrarán eterno agradecimiento. Al fin y al cabo el honor de Francia existe y es inalcanzable para Zapatero y su secta sin honor. Además, la Nación francesa siempre sale revitalizada y fortalecida de sus presencias en el África del Norte (Giraud, De Gaulle, Larminat, etc.). Todo, menos que el ejército marroquí siga matando y violando a mujeres saharauis, ciudadanas de una nación independiente, la RASD.
Para terminar, advierto al atento lector que, como bien se ve, todo este Artículo de triste sarcasmo rabelaisiano, se encuentra enmarcado y es una pequeña pieza del nuevo subgénero literario del Honor Ficción Español.
La falta de cultura básica en los gobernantes perjudica siempre el honor de una Nación. Lo dijo De Gaulle desde su gobierno en Argel en 1944. Y es que las naciones son básicamente memoria.
TEMAS RELACIONADOS: