Opinión

Chile y el presunto conflicto mapuche

Domingo 03 de enero de 2010
Tras los graves disturbios de octubre pasado, Chile revive estos días una serie de altercados violentos destinados a llamar la atención sobre el tema de los indígenas mapuche y sus reivindicaciones territoriales, tan infladas como artificiales. El movimiento radical-indigenista parece incluso nutrirse de supuestos aprendices de terroristas foráneos, como es el caso del vasco Asel Luzarraga, detenido el pasado jueves por su presunta conexión con un fallido atentado con bomba perpetrado contra la Secretaría de Justicia de la región de La Araucanía. Los disturbios en cuestión, algunos de ellos con tintes violentos son sumamente preocupantes y vienen siendo protagonizados por los indígenas mapuches, la etnia nativa más importante de Chile. El conflicto ha estallado con Bachelet, a quien más de uno ya empieza a culpar de no haber sabido atajar en su momento un problema que ahora amenaza con írsele de las manos.


Ocurre que los mapuches enarbolan la bandera del comunismo indigenista que tan de moda se está poniendo últimamente en el continente, sabedores de que no tienen razón. Reclaman la propiedad de unas tierras que supuestamente habrían perdido en la época colonial, o lo que es lo mismo, hace quinientos años. Muchas de esas tierras han pasado por cientos de manos, fruto del tráfico jurídico entre particulares que existe en todo ordenamiento legal, y otras son de propiedad estatal. Ya en tiempos de Frei hubo una sentencia desfavorable y parecía que ahí había acabado todo, pero no ha sido así. Los mapuche saben que Bachelet tiene serias reservas a la hora de actuar contra ellos, no se sabe si por simpatías ideológicas o porque no quiere ver deteriorada su estudiada imagen de “progre” indigenista, y se aprovechan de la situación. Precisamente por eso, Bachelet debería actuar lo antes posible en la resolución de un problema que, de no atajarse a tiempo, puede tener consecuencias crecientemente graves. Tiene hasta el próximo 11 de marzo de este año, fecha en que acaba su presidencia.