Opinión

Las negras perspectivas de la economía española en 2010

Martes 05 de enero de 2010
Hay una serie de indicadores económicos que no suelen dejar lugar a la duda. Como por ejemplo, el número de empresas que, ante la imposibilidad de hacer frente a sus pagos, han de declararse en bancarrota. Pues bien, los concursos de acreedores registrados en 2009 batieron todos los records anteriores con un total de 5.860 procesos, lo que supuso un aumento del 104 por ciento respecto al año anterior. La cifra supera con creces la previsión inicial efectuada por el Consejo General del Poder Judicial, estimada en 4.738 procesos para el pasado año. Con independencia del descalabro económico en sí, dicho dato incide además muy negativamente en la marcha de la justicia española, toda vez que cada proceso concursal en marcha implica una cantidad de tiempo y recursos de los que la administración no dispone. Pero es evidente que si la destrucción de empleo y el tejido productivo sigue descontrolada, se hará muy difícil salir de la crisis. Y ninguno de los dos datos admite maquillaje alguno. El señor Zapatero debería entender que la mejor y verdadera política social consiste en crear un clima de seguridad jurídica, flexibilidad y libertad económicas que multiplique la creación de empresas, en lugar de ayudar a destruirlas con burocracia, trabas e impuestos. El común de las gentes quiere trabajo e independencia económica, en vez de subvenciones, subordinación al poder y clientelismo político.

Caso distinto es el del índice del ahorro familiar, cuyos guarismos pueden presentarse de uno u otro modo según quien los cocine. Así, extrañan las explicaciones de la oficina económica de Moncloa a la hora de vender como buena la tasa de ahorro de los hogares españoles, que se situó en el 14,1 por ciento de su renta disponible en el tercer trimestre de 2009. El dato implica un incremento de 4,6 puntos con respecto al año anterior y el máximo histórico en un tercer trimestre. Pero por más que algún iluminado se empeñe en sostener que si hay ahorro es porque la gente se lo puede permitir, la realidad es bien otra: las economías domésticas tratan de ahorrar más porque la merma de sus ingresos les impide consumir al mismo ritmo de antes; nada más. Basta con echar un vistazo a lo que se ha retraído el consumo en España durante 2009 para ver que el ahorro familiar, lejos de ser un indicador de bonanza, lo es de precariedad. Y también de previsión, como derivado de un creciente sentido de responsabilidad. En este sentido, al menos, la reacción de la ciudadanía sí puede presentarse como una muestra en positivo de madurez de la sociedad española, a diferencia de su Gobierno. Y eso tampoco admite cosmética alguna.

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