Jueves 07 de enero de 2010
Coincidiendo con la festividad de los Reyes Magos se celebra en Madrid la Pascua militar, primero de los actos oficiales del año, caracterizado además por los populares “corrillos”. Son en estos pequeños conciliábulos donde se departe acerca de las cuestiones más candentes de la actividad política española, aunque la temática más común suele ser la castrense. Este año, como no podía ser de otra manera, dos han sido los asuntos principales, tanto oficiales como oficiosos: el nuevo rol que de unos años a esta parte viene desempeñando el Ejército español en misiones internacionales, y la futura Ley de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas.
Por lo que respecta al primer punto, resulta evidente que los contingentes militares destinados en lugares tales como Afganistán, Líbano o Kosovo son el fiel reflejo del nuevo panorama al que han de adaptarse los ejércitos de todo el mundo: con independencia de sus cometidos internos propios de cada país, cobra cada vez más relieve el papel internacional de los efectivos de tropas en misiones foráneas conjuntas. Hecho al que Don Juan Carlos ha querido darle la cuota de protagonismo oficial que merecía y cuya sola mención es toda una muestra de que por lo menos algunas instituciones oficiales –como es el caso de la Corona- sí saben tomarle el pulso a la realidad.
Pero es en el segundo tema donde hay algo más de marejada interna. La futura Ley de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas está siendo ya desde su gestación un permanente quebradero de cabeza para el Ejército español. Carmen Chacón ya ha anunciado que la ley sólo podrá salir adelante con una buena dosis de consenso, aludiendo al acuerdo entre el mayor número de grupos políticos posible. He aquí la trampa: dichos grupos -Esquerra, PNV, BNG, Izquierda Unida…-no se han caracterizado nunca por su defensa de las Fuerzas Armadas. Antes al contrario, suelen abanderar un antimilitarismo con el que en su momento llegó a sentirse muy identificada la propia Carmen Chacón. El hecho de omitir deliberadamente una voluntad de acuerdo con el PP en plena Pascua Militar no hace albergar demasiadas esperanzas a la hora de elaborar un borrador legislativo que aborde como es debido los retos a los que ha de hacer frente el Ejército español del siglo XXI. Convertirlo en una suerte de comuna asociativa que funcione como una ONG y con un sistema de ascensos “digitalizado” no parece el mejor modo de modernizar las Fuerzas Armadas. Claro que para eso habría que empezar por poner al frente de ellas a alguien que las comprendiese, las estimase y supiese cómo funcionan. Y eso, por ahora, no es el caso.
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