reseña
Viernes 08 de enero de 2010
G. K. Chesterton: Los relatos del padre Brown. Traducción de Miguel Temprano García. Acantilado. Barcelona, 2009. 1.176 páginas. 33 €
De todos los detectives de ficción, el padre Brown es sin duda el más realista, el más natural. Atrás quedan los sofisticados Sherlock Holmes, Philo Vance, Hércules Poirot, Perry Mason, Donald Lam, y el resto de sus compañeros de condición. Si hubiera que buscar un paralelismo, el trasunto del clérigo sería, tal vez, la señorita Marple. Pero el padre Brown, tan magníficamente interpretado en la pantalla por Alec Guinness, sigue siendo la naturalidad misma. El confesionario enseña mucho sobre el alma humana, y Chesterton, profundamente católico, quiso poner de manifiesto el valor catártico de descargar la conciencia y narrar nuestros pecados. Quiso también poner de manifiesto que fe y razón no son incompatibles.
Entre 1910 y 1935 los relatos fueron apareciendo, uno a uno, siguiendo la costumbre anglosajona, en diferentes revistas. Luego se agruparían en cinco volúmenes: El candor, La sagacidad, La incredulidad, El secreto, El escándalo (todos ellos)… del padre Brown. La excelente edición que ahora nos ofrece Acantilado, dentro de su "Colección de Narrativa", reúne los cinco volúmenes con un añadido de excepción, tres títulos inéditos en castellano: El caso Donnington, El padre Brown resuelve el caso Donnington y La máscara de Midas. Los dos primeros se descubrieron en 1981 y habían sido publicados en 1914. Fueron fruto de la colaboración entre Chesterton y sir Arthur Pemberton, conocido autor de novelas policíacas. La máscara de Midas fue escrito en el último año de vida de Chesterton (1936) y permaneció mucho tiempo inédito hasta el descubrimiento del manuscrito en 1991. Excelentemente traducidos del inglés por Miguel Temprano García, carece de prólogo pero lleva una ilustrativa “Nota” de edición.
El padre Brown no busca el castigo sino el descubrimiento del culpable y su redención, como la de su oponente Flambeau, un delincuente internacional. La gran preocupación de Chesterton era el mal y el libre albedrío humano. Éste es el tema de su mejor novela, El hombre que fue jueves (1908). Con cierta ligereza algunos rechazan a Chesterton por sus ideas religiosas, pero tal valoración es superficial. No fue un escritor reaccionario, como se ha venido afirmando, sino un hombre preocupado por la realidad social que le circundaba. Su evolución fue notable desde el agnosticismo al anglicanismo para recalar en el catolicismo, algo que indicaba bien a las claras que siempre marchó contracorriente.
El padre Brown, regordete armado con un gran paraguas, parece no enterarse de nada. Es candoroso pero sagaz, y al igual que Holmes resucita y vuelve a las andadas tras una estancia en las misiones en América. Pero tras su aparente ingenuidad, el padre Brown es uno de los detectives más perspicaces de la literatura mundial.
Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa
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