Sábado 09 de enero de 2010
Pese al juicio de intenciones ante facto de algunos sectores de la comunidad europea,-léase la del prestigioso diario británico The Financial Times, una excelente publicación, pero incapaz, a veces, de resistirse al embrujo del estereotipo-, aún es muy prematuro establecer un balance del panorama continental en los próximos seis meses, período en que España ostentará la presidencia de la Unión. Resulta pretencioso por parte de este medio y por aquellos que ven inadecuado la cesión de la presidencia de los 27 a nuestro país, profetizar sobre una gestión que apenas ha comenzando. Parece elemental juzgar las cosas por sus resultados.
Es cierto y puede parecer irónico que nuestro país, que presenta actualmente uno de los panoramas financieros menos prometedores de la región, encabece una Europa en crisis. Pero ello no debe suponer que se le prive de esta oportunidad, que más que simbólica, resulta un interesante escenario para la diplomacia y la negociación; dos recursos que si se usan con ecuanimidad y sensatez pueden generar sus buenos frutos.
La presidencia española en la UE puede servir de impulso para mejorar y estrechar las relaciones de España con sus vecinos europeos y ser una tarima que contribuya a sanear y a potenciar su imagen de cara a la galería comunitaria, ofreciendo soluciones frente a la crisis común. Un bloque conformado por un grupo de más de veinte países y no un círculo cerrado de unos cuantos como algunas plumas, críticos o estadistas, se empeñan en hacernos creer.
Aún cuando, existen países de la Unión que han demostrado un manejo más acertado de la actual crisis financiera europea, eso no es excusa para incurrir en comparaciones o contrastes sobre quién lo haría mejor, sobre todo cuando provienen de países que, en la gestación de la crisis, sus autoridades han tenido un manejo de los controles financieros mucho menos responsable y cauteloso que los de las autoridades españolas. Ahora, se trata de resolver el problema desde un ángulo global que facilite la búsqueda de una solución que beneficie a este conjunto llamado Europa, dándole las mismas oportunidades a cada uno de sus miembros, de lo contrario no tendría sentido formar parte de los 27.
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