Beatriz Reyes Nevares | Lunes 11 de enero de 2010
La Guadalupana, en México D. F. religiosidad primitiva, relajo , faltas de respeto. La Basílica de Guadalupe abarrotada todo el mes diciembre. Las mañanitas a la Virgen, Emperatriz de América , gracias a su santidad Juan Pablo II,patrona ya de muchos más países. Venerada lo mismo en el vaticano en la capilla que hizo el mismo Arq. Pedro Ramírez, que en París, en la catedral de Notre Dame, que en San Patricio en Nueva York, en estos días aciagos del año recién terminado , en la esperanza, en la confianza, en la ilusión que no debe perderse nunca en los seres humanos.
Con cierto optimismo quizás irracional, veo,que es custodiada ahora por elementos de la Policía Federal. Es usada en estandartes, como el que el Padre de la Patria Miguel Hidalgo, enarboló al dar el grito de independencia hace doscientos años. Usada por el utraizquierdista,cada día más radical líder no reconocido de la extinta -por fortuna- Compañía de Luz y Fuerza del Centro, y en un alarde de mal gusto y cinismo aparece tatuada en el bajo vientre entre el ombligo y el pubis de una vedette, encueratriz, bailarina pseudo actriz de grandes escándalos en los pasquines morbosos que son la única lectura, lamentablemente de muchos mexicanos,cada día más ignorantes.
No hay en este comentario nada de moralina trasnochada, ni juicio alguno. Sí horror por ver hasta qué punto hemos llegado de deterioro. A caminos que no conducen a nada bueno. Llegar con devoción a dar gracias, pese a las penas enormes en muchos, llevaderas en otros, agradecer, encomendarse, encomendar a los seres queridos, a la familia, que los salve, de tanta violencia, inseguridad, corrupción, pensar que si se lucha a brazo partido, con nuevos brios, con fe en uno mismo, podremos lograr algo. Tener conciencia de nuestra responsabilidad de ciudadanos, exigir, todo lo que haya que exigir. Protestar en lo justo y a trabajar cada quien en lo suyo con ahínco, sin tantas quejas, porque al rato será necesario construir nuestro particular muro o tener un psiquiatra cada uno como en Buenos Aires. Claro tenemos problemas. La subida del predial, del agua, del metro, de todas las tarifas del Gobierno del D .F. nacer, casarse, morirse, conducir un auto, TODO, nos costara en Smog City, como la ha rebautizado el extraordinario escritor refugiado español José de la Colina.
El alza de la gasolina y del gas en el ámbito federal y el ridículo aumento al salario mínimo no es para dar saltos de gozo pero tampoco se vale arrojarse al vacío o hacerles el juego a los políticos, cuya apuesta sigue siendo el estallido. Hay que buscar cauces, acuerdos, diálogo.
Discutirse en serio. Poner todos de su parte. Serenarse, los ultras de izquierda y de derecha. No se vale, ni en los púlpitos, ni el los bloqueos seguir en el alarido, en el odio, y todos quieren tener la razón.
En cada tema mucho puede platicarse, discutirse civilizadamente, no con dimes y diretes. Era más que previsible que en PRI como Pilatos se lavaran las manos, olvidando el año de 1997 y el reciente presupuesto que ellos mismos apoyaron y cambiaron a su antojo.
El PRD como acostumbra, ignora, lo más elemental de las leyes. No por sus pistolas podrían congelarse los precios de los combustibles. Por cierto esta semana pasada, se escenificaron actos bochornosos de gran riesgo y protagonismo mayúsculo por los ex electricistas, quienes no se resignan a perder el jugosísimo negocio que tenían liderzuelos. Por cierto aunque lo negaron las fotografías fueron tan evidentes que nos les quedó mas remedio que quedarse callados.
¿Qué demonios les importa a estos tipejos dañar automóviles, destrozarlos, asustar a las personas que viven en una colonia de clase media, donde por cierto se ubica la sucursal de un Banco donde los pensionados tienen sus cuentas, para cobrar sus magras pensiones. Al fin y al cabo en esta ciudad las personas mayores, viejas, ancianas o como quiera llamárseles jamás tendrán un récord Guiness por respetarlos y cuidarlos cada uno de los trescientos sesenta y cinco días del año; solamente los que reciben la pensión alimenticia que les otorga graciosamente el gobierno de esta ciudad.
Lo racional como lo razonable será poner los pies en el suelo y cada uno de los ciudadanos y hacer lo que nos toca a cada uno, ser responsables, corresponsables, defendernos como ciudadanos conscientes, quejarnos, protestar, hasta por los malos modos, la ineficiencia, estupidez de los empleados -no solo del gobierno, si no de los bancos, de los almacenes de prestigio, de los supermercados, de los cada día mas corruptos taxistas, que tenemos que padecer los de a pie, todos los días-.
Tan reales como ésta cuesta de enero, que será como subir al Himalaya.
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