Miércoles 13 de enero de 2010
Cuando un país devalúa su moneda no suele ser por nada bueno. Es además –y literalmente hablando- un fraude a los contribuyentes. Semejante medida es algo realmente serio, de ahí que su adopción suela venir precedida de un concienzudo dictamen de expertos económicos. En el caso de Venezuela, la devaluación del bolívar es un claro indicador de lo mal que está la situación económica del país aunque, en este caso, dicha devaluación no ha obedecido a los criterios macroeconómicos de un comité de sabios, sino a un capricho más del origen de todos los males del país, Hugo Chávez.
Le faltó tiempo al presidente venezolano para, en uno de sus habituales ridículos televisivos, anunciar a bombo y platillo que sacaría a la calle a la Guardia Nacional para vigilar que “el pueblo no sufriera especulación”. Y lo cumplió. De momento, casi un centenar de comercios han sido sancionados por remarcar los precios, a los que habrá que añadir otros muchos en los próximos días. Es lo que le faltaba a Venezuela. Si hasta ahora Chávez se había “conformado” con meter mano en el petróleo, la banca y la electricidad -hay centros comerciales que han tenido que acortar su horario de apertura ante los obligados recortes de luz-, ahora además se permite el lujo de intervenir directamente en la imposición de precios en el pequeño comercio.
Pocas veces una sola persona ha sido capaz de hacer tanto daño a un país como Chávez a Venezuela. Lo peor de todo, es que cuenta con una cohorte de incondicionales -Evo Morales, los Kirchner, Daniel Ortega o el propio canciller español, Miguel Angel Moratinos- que le aplauden todos sus desplantes y despropósitos a cambio de petróleo. Petróleo que, dicho sea de paso, pertenece al pueblo venezolano y no a su presidente, quien lo reparte alegremente el forma de dádivas políticas. A ver si la devaluación del bolívar hace reaccionar de una vez por todas a una sociedad civil que asiste entre hastiada e impotente a cómo su calidad de vida se devalúa cada día más por culpa del caudillo bolivariano.
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