Academia de Gastronomía de EEUU
Miércoles 13 de enero de 2010
Hace unos días estuve en New Jersey, junto a Nueva York, sede de la Academia de Gastronomía de Estados Unidos. El Presidente, Sevi Avigdor y uno de sus directivos, James A. Maggs, hicieron venir desde Las Vegas a David Burke, uno de los grandes cocineros-revelación de Estados Unidos.
Su restaurante se llama David Burke Fromagerie (26, Ridge Road, New jersey. Tel: +17328428088), pero no tiene nada que ver con un restaurante de quesos, como podrán ver a continuación.
Armonía con los vinos
Lo más importante y lo que demuestra que, poco a poco, no solo en España sino también en otros países, se acepta la idea de que la única forma de comer bien, de ser un buen gourmet es saber combinar la bebida con la comida: la cena fue un auténtica armonía de platos y vinos.
En primer lugar, una vieiras Benedictine, con chorizo y espuma de langosta. Quizás, el chorizo era un poco fuerte para el plato. Para acompañarlo, uno de los mejores Alsacias, un Rierling, el Clos Ste Hune de Trimbach del 99, excepcional. A continuación, un flan de erizos y azafrán con trufa blanca y “trompetas de la muerte”. Fantástico. Para acompañarlo, uno de los mejores vinos blancos de mesa que existen en el mundo, Le Montrachet 2004 de Vincent Girardin. Después, un bogavante “Alphabet” en sopa, con salchicha de bogavante, acompañado de bogavante “agrio”. Casi perfecto.
De compañía, uno de los mejores vinos de Borgoña, quizás, menos conocidos que otros, pero fantástico, el Musigny 1985, del mejor elaborador de este vino, el Comte Georges de Vogue.
A continuación, granos del “paraíso”, unas mollejas fantásticas con foie-gras y manzana. De compañía, en este caso, un Burdeos difícilmente mejorable, un Château Lafite Rothschild de 1982, una añada mágica.
Para terminar, un cordero con pulpo, cuscus y mostaza glaseada. Original, complicado pero muy interesante. De armonía, para terminar, otro vino tinto, tan bueno o mejor que los anteriores, un Vega Sicilia del 70. Una botella que salió perfecta.
Por último, un postre para cada uno de los 8 comensales, todos diferentes y todos maravillosamente hechos.
Como, además, James A. Maggs había llevado otras 2 botellas, las probamos también. Un Richebourg, el segundo vino de Borgoña, del 88 y para terminar un Château d’Yquem del 90, también, fantástico.
capaz de preparar una cena tan fantástica como la del otro día.
En este caso, los vinos fueron franceses y un español, el último Vega Sicilia. Pero que conste que existen vinos en California y en Oregón , que son comparables a los mejores caldos de Europa.
Enhorabuena a la Academia de Estados Unidos del Noreste y gracias a la generosidad de James A. Maggs.
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