El Partido Socialista apuesta por la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero en 2012 para que se enfrente al examen sobre su gestión en las urnas y por falta de una alternativa de peso. Fue el propio presidente quien, en una conversación con periodistas la pasada Navidad, aludió al "gran error de Aznar" de comprometerse a limitar su mandato. Ahora, con el debate abierto, opta por no pronunciarse y lo deja en manos de sus más estrechos colaboradores. Por Alberto López Marín
"El gran error de Aznar fue comprometerse a limitar su mandato a ocho años", reflexionó
Rodríguez Zapatero el pasado 22 de diciembre en una conversación informal con periodistas en
La Moncloa. El debate sobre la sucesión llega a la misma altura de mandato que con el ex presidente del Gobierno, aunque, en este caso, la sospecha sobre que el asunto haya explotado de forma interesada es una opinión que se extiende en el mundo de la prensa y por supuesto, en la oposición, según confirman fuentes del Partido Popular. No se puede pasar por alto, reconocen voces expertas en imagen pública, que la
Presidencia de la Unión Europea representa una excelente oportunidad para asentar un liderazgo y un momento óptimo para lanzar el globo sonda a la opinión pública.
Al mismo tiempo que las primeras acciones de
Rodríguez Zapatero al frente de la Unión han llegado las palabras de los suyos en relación a las aspiraciones del presidente a un tercer mandato.
María Teresa Fernández de la Vega,
Alfredo Pérez Rubalcaba,
José Blanco,
Leire Pajín e incluso
Felipe González han respaldado públicamente esta opción en los últimos días. "El PSOE no contempla otra posibilidad que la de que Zapatero sea el candidato en 2012", dijo el ministro de Fomento. El protagonista de esta historia asegura no comprender el revuelo, reitera que no es saludable para un partido que su líder acote su mandato y aclara que este año no dedicará "ni un minuto" a pensar en
2012.
Ideólogos del
Partido Popular apuntan que cuando la ciudadanía conoce cuándo se agotará un cargo, acoge las medidas gubernamentales de forma más crítica al contemplarlas como decisiones que repercutirán en un futuro del que ya no podrá hacerse cargo ese presidente. Asimismo, consideran oportuno para el PSOE que
Rodríguez Zapatero no anuncie que se marchará al concluir la legislatura, en caso de que así sea, para no disparar tan pronto peleas internas por la sucesión.
Mientras, en
Ferraz 70 y, al menos, en las grandes reuniones celebradas en el recién llegado 2010, no se ha abordado el asunto, como tampoco ha habido orden de evitarlo ante los medios de comunicación. Fue notorio el descontento de muchos socialistas con el desgaste de la imagen del partido a causa de la política comunicativa de algunas de las actuaciones del Gobierno, y la respuesta fue el anuncio, por parte de
Leire Pajín, de un cambio de mensaje que contrarrestara al de la oposición. Hoy día, esos mismos círculos asisten a la caída de su líder en los distintos estudios demoscópicos de calado, pero la contestación interna es casi nula y el presidente del Gobierno cuenta incluso con la confianza de sus más destacados barones, tras la marcha de
Juan Carlos Rodríguez Ibarra y con la salvedad de un
José Montilla a la espera de la respuesta del Tribunal Constitucional. A falta de una chispa que motive el revuelo y los codazos y sin una oposición interna consistente, la de
Rodríguez Zapatero, explica personal de prensa del PSOE, es la única opción que se contempla.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. Efe
Fórmulas para limitar la PresidenciaEl doctor en Derecho Constitucional
Manuel Sánchez de Diego, otras veces consultado por este periódico en cuestiones normativas, afirma que "sería perfectamente constitucional" limitar los mandatos de un presidente del Gobierno en España. "Bastaría con modificar la Ley del Gobierno por remisión del párrafo 4º del artículo 98 de la Constitución", desarrolla el profesor, que añade que "si se quiere proteger más la prohibición de concurrir a una segunda reelección, bastaría con una reforma
light de la Constitución por la vía del artículo 167".
La discusión no es actual. En 1993, el entonces jefe del principal partido de la oposición,
José María Aznar, dijo que le parecía "razonable" y "sólido" limitar los mandatos para que se pudiera hacer "una buena tarea de Gobierno". Así lo planteó en el 93 y así lo cumplió como presidente al concluir su octavo año en
La Moncloa, en 2004. Su sucesor,
Mariano Rajoy, asumió el mismo compromiso y en 2007 invitó al
PSOE a abrir un diálogo al respecto. La respuesta del presidente, a cuatro meses de sus segundas generales, fue que su objetivo era en ese momento volver a recabar la confianza de los ciudadanos en las urnas. La fórmula propuesta, explicada en más de una ocasión por
Francisco Álvarez Cascos, es la de "que sea el Congreso el que tenga competencia y soberanía para delimitar el número de mandatos que deben permanecer en el Gobierno" y que se ejerza el poder durante ocho años en el caso de legislaturas completas y diez si una de ellas se disuelve antes de que concluya el segundo año de mandato, contando desde la fecha de celebración de las
elecciones generales".
Rodríguez Zapatero responderá a todas las incógnitas en 2011, cuando él tenga, a su vez, muchas respuestas sobre el desarrollo de la crisis, el balance de su gestión al frente de la
Unión Europea sobre la mesa y con sondeos más ajustados a lo que puedan expresar los españoles en las urnas a un año vista de los comicios.
José María Aznar optó por retrasar el anuncio de su relevo, pero pocos tenían dudas a un año de las elecciones de 2004 de su marcha. Perseguía evitar que una sensación de provisionalidad hiciera mella en su liderazgo o lastrara la acción de Gobierno. En
Ferraz no ocultan compartir esta visión, como tampoco esconden la capacidad del oficioso candidato a las elecciones para remontar resultados adversos y que su peso sería mayor que el de un hipotético aspirante, que partiría con retraso su carrera hacia la Presidencia. Con
Tomás Gómez descartado y
Juan Fernando López Aguilar fuera de juego en Bruselas, al menos de momento, los únicos nombres que se han dejado caer en caso de una renuncia de Rodríguez Zapatero son los de
José Blanco –"está tomando posiciones para la sucesión", informan compañeros de prensa bien informados- y el omnipresente en estas lides
José Bono, derrotado en las primarias socialistas y con escasa intención de abandonar la función política.
Los
socialistas no esquivan la cuestión y preparan al electorado para la continuidad del presidente. Consideran que es el candidato idóneo para dar la cara después de cuatro años difíciles y que debe ser él quien remonte un hoy por hoy resultado adverso o, por el contrario, quien pague el precio de sus errores y sus aciertos y abra paso a una nueva etapa en el
PSOE.