Opinión

El cansino discurso del terrorismo

Lunes 18 de enero de 2010
Desde que ETA iniciase su andadura de muerte y destrucción hace más de cuatro décadas, su dialéctica no ha cambiado un ápice. Arrogándose a sí mismos la representación de un pueblo vasco que jamás se ha sentido identificado con ellos -salvo en proporciones exiguas, como se demuestra en múltiples elecciones- los terroristas suelen publicar en sus medios habituales comunicados dirigidos tanto para consumo interno como al resto de la sociedad. En el último, aparecido en “Gara” este pasado fin de semana, ETA parecía querer dar un toque de atención a los suyos para que no hubiese disensiones, al mismo tiempo que recalcaba el importantísimo papel que para la banda desempeña la actividad política.

Nada nuevo bajo el sol. Es verdad que en el seno de la izquierda abertzale se han producido últimamente algunas declaraciones en pos de un supuesto replanteamiento de la estrategia de lucha armada, pero son tan minoritarias como efímeras. A todos aquellos que se empeñan en decir que “algo se mueve en el entorno de ETA” cada cierto tiempo, conviene recordarles que las dos únicas ocasiones en las que realmente ha habido algún hecho destacable en este sentido: la primera, en 1977, cuando los llamados “poli-milis” aceptan la amnistía, renuncian a la violencia y constituyen “Euskadiko Ezkerra” -formación que luego se integraría en el PSE-. La segunda, ya en el año 2000, cuando Patxi Zabaleta y algunos más formar Aralar, agrupación que si bien ha condenado la violencia en alguna ocasión, se halla sospechosamente próxima a los postulados de la banda terrorista. Nada más.

En casi medio siglo de historia, dos únicos hechos relevantes en dirección contraria a la violencia. Ello implica lisa y llanamente que los que siguen dentro de la izquierda abertzale no lo hacen por casualidad ni por mero divertimento, sino que están plenamente convencidos o presionados para seguir las consignas de ETA. Llevan demasiado tiempo ligados al mundo de la violencia como para querer renunciar a él fácilmente. Y, desde luego, no se atisban movimientos similares a los de Euskadiko Ezquerra ni Aralar. Así las cosas, solo cabe seguir en la actual línea de actuación: presión policial y judicial, para poner a disposición de la justicia a todos aquellos que, ejecutiva o políticamente, forman parte del entramado de ETA. El resto no son sino componendas que dan oxígeno a la banda y causan desazón a sus víctimas.

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