Opinión

Llamazares, en busca y captura del FBI

Martes 19 de enero de 2010
El Departamento de Estado norteamericano suele actualizar con cierta frecuencia los rostros de los delincuentes más buscados, retocándolos en función del paso del tiempo, diferentes aspectos físicos y toda suerte de variantes. Ocurre que para llevar a cabo una recreación de la posible fisonomía actual de Osama Bin Laden, los técnicos del FBI no han tenido mejor ocurrencia que la de utilizar los rasgos del ex coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Puestos uno al lado del otro, ambos retratos guardan un cierto parecido, lo cual, lejos de resultar una mera curiosidad, supone una intromisión ilegítima en el honor del político español.

Llamazares ya ha manifestado su indignación por el asunto, a la vez que ha dejado claro que no piensa viajar a Estados Unidos. Es comprensible y, en su caso, incluso recomendable en tanto en cuanto el Departamento de Estado no tome cartas en el asunto. Todo el mundo entiende el incremento de las medidas de seguridad desde los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. Dichas medidas se cuestionaron hace bien poco, con el intento fallido de un terrorista de Al Qaeda de hacer estallar un avión en Detroit. En base a ello, se entiende que las autoridades norteamericanas pongan todos los medios a su alcance para buscar a los instigadores del terrorismo mundial. Pero lo que no es de recibo es hacerlo utilizando la imagen de un inocente, cuyos derechos se han visto pisoteados por el exceso de celo de algún iluminado del edificio Hoover. Gaspar Llamazares bien podría reclamar daños y perjuicios en Estados Unidos, cuyo ordenamiento jurídico es sumamente garantista en materia de privacidad de datos y protección de la intimidad. Razones no le faltan.

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