Opinión

Se desbordan las tensiones en la región andina

Pedro Medellín | Lunes 03 de marzo de 2008
La muerte del jefe guerrillero Luís Edgar Devía, más conocido como Raúl Reyes, el segundo al mando de las FARC, tomó un curso inesperado. El que había sido quizá el más contundente golpe a la cúpula de las FARC, de repente se convirtió en una nueva fuente de tensión y luego en un factor de verdadera desestabilización política y militar de la región andina.


Todo comenzó cuando el Gobierno colombiano, después de una paciente labor de inteligencia, estableció que guerrilleros del frente 48 de las FARC se encontraban en un lugar llamado Granada, cerca de la frontera con el Ecuador y que en la noche del 29 de febrero, haría presencia en ese punto alias Raúl Reyes, el segundo hombre más importante en la cúpula de las FARC.


Según el comunicado del Ministerio de Defensa colombiano, "En el momento en que unidades helicoportadas de la Fuerza Pública se estaban acercando para copar el lugar (Granada), éstos fueron atacados desde un campamento de las FARC, ubicado en el lado ecuatoriano, a menos de 1.800 metros de la frontera". Después de establecer el lugar exacto del campamento, la Fuerza Aérea Colombiana inició el ataque desde el lado colombiano, "teniendo siempre en cuenta la orden de no violar el espacio aéreo ecuatoriano", afirma el comunicado.


Una breve declaración del presidente Uribe en la que, antes que cobrar una victoria frente a las FARC, asumía "toda la responsabilidad de lo que ha ocurrido", y la dureza en las posteriores reacciones de los gobiernos de Venezuela y Ecuador, sembró la duda en torno a que algo no había salido bien en la operación militar.


Mientras que el presidente venezolano Hugo Chávez notificaba a su homólogo colombiano Álvaro Uribe que "no se le vaya a ocurrir hacer eso en estos lados", el residente ecuatoriano Rafael Correa, después de llamar a consultas a su embajador en Bogotá, amenazaba con ir hasta las "últimas consecuencias por el ultraje a su país".


Dos razones parecían sustentar la actitud de Correa. Primero, por la manera inconsulta como procedió el Gobierno colombiano frente a las autoridades ecuatorianas en el operativo militar que dio muerte al líder guerrillero en ese país. El presidente Uribe sólo informó a su homólogo de Ecuador 14 horas y media después de iniciadas las acciones militares contra Reyes. Y segundo, por la manera irregular como actuaron los militares colombianos en la toma del lugar y el manejo judicial de los cadáveres. Según el comunicado del Ministerio de Defensa colombiano, "Una vez bombardeado el campamento, se ordenó que Fuerzas colombianas entraran para asegurar el área y poder neutralizar al enemigo. Se le pidió además a la Policía que la mantuviera asegurada hasta que llegaran las autoridades ecuatorianas".


El problema fue que antes de que llegaran las autoridades de ese país, los colombianos no sólo tomaron varios cuerpos de guerrilleros abatidos para llevarlos a su país, sino que tampoco atendieron a los heridos, desconociendo los acuerdos establecidos para el efecto.


Sólo unas pocas horas después de una investigación ordenada por Correa, el Gobierno de ese país emitió un comunicado oficial, en el que afirmaba que "las autoridades del Ecuador no conocieron de antemano de la operación colombiana ni dieron su autorización para que ésta se realice o para que fuerzas de ese país ingresen al territorio nacional"... "En el marco del derecho internacional, el Estado ecuatoriano ha colaborado con autoridades colombianas en acciones apegadas a las leyes de los dos países y a los derechos humanos. Lamentablemente esta cooperación bilateral no se verificó en torno a los hechos descritos, que por tanto significan la vulneración de la integridad territorial y el ordenamiento legal del Ecuador".


Pero es el venezolano Chávez quien pone las cosas blanco sobre negro, al afirmar que "es sumamente grave que un país se abrogue el derecho a bombardear el territorio de un país vecino y luego incursionar a asegurar el territorio y traer cadáveres, violando no sé cuántas leyes internacionales". La molestia del venezolano no sólo pudo radicar en la manera como se llevó a cabo el operativo, sino también en la inquietud generada por el hecho de que la inteligencia colombiana se hubiera aprovechado de los contactos de Reyes con los facilitadores venezolanos para la liberación de secuestrados, para hacer el seguimiento al guerrillero y planear la operación que puso fin a su vida. Para hacer más visible el disgusto, Chávez tomó la decisión de reforzar la presencia militar en la frontera con diez divisiones y retirar todo el personal de su embajada en Bogotá.


Sin embargo, lo peor estaba por ocurrir. Después de recibir información de sus oficiales, el presidente Correa la emprendió contra Uribe. En una intervención televisada, afirmó que el país sufrió un "planificado ataque aéreo y posterior incursión de las tropas con plena conciencia de que estaban violando nuestra soberanía". Según Correa, los guerrilleros estaban en ropa de dormir, "lo que descarta que se trató de una persecución en caliente y en legítima defensa. Fue una masacre"... "los aviones colombianos ingresaron, al menos, 10 kilómetros en nuestro territorio para hacer el ataque desde el sur"... "Todo esto demuestra que el Ministerio de Defensa, la cancillería y el presidente Uribe, le están mintiendo al Ecuador", dijo como preámbulo a las duras decisiones que tomaría: militarizar la frontera, llamar a consultas a su embajador en Bogotá y expulsar al embajador colombiano de territorio ecuatoriano.


El reporte ecuatoriano no sólo pondría en evidencia la violación de su soberanía por parte de tropas colombianas, sino que también revelarían las transgresiones al Derecho Internacional Humanitario. Los militares colombianos, no prestaron asistencia a los guerrilleros heridos en el ataque. Son las tropas ecuatorianas, las que varias horas después del ataque, deben prestar atención a tres guerrilleras colombianas que resultaron heridas en la acción armada.


En el terreno diplomático, la reacción colombiana tampoco fue afortunada. Una hora después de expedir un comunicado en el que oficialmente se excusaba con el que llamó "ilustrado Gobierno del Ecuador", por haber cruzado la frontera, a través del director de la Policía, Colombia señaló la existencia de vínculos entre las FARC y el Gobierno ecuatoriano y exigió explicaciones al gobierno de ese país, escalando las tensiones hasta un punto desconocido en la historia de las relaciones entre Colombia y Ecuador.


El escenario para el Gobierno se ha ido complicando cada vez más. Las reacciones iniciales de Italia, Alemania, Chile y Argentina, en el sentido de hacer pública su preocupación por la incursión colombiana en terreno ecuatoriano, dejan ver que el futuro de la posición colombiana en el escenario internacional no es ni será la más cómoda en el futuro.


En menos de 30 horas, la que habría podido ser la más trascendente victoria militar de las fuerzas armadas colombianas contra las FARC, terminó convirtiéndose en un factor que desestabiliza todavía más la frágil región andina.

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