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Estados Unidos, la ONG armada

despliega en Haití toda su maquinaria

Domingo 24 de enero de 2010
Mientras decenas de miles de haitianos luchan por sobrevivir en un país en ruinas, devastado por el peor seísmo de su historia, de forma paralela al drama humano se libra otra disputa. La diplomacia internacional batalla por el protagonismo sobre la gestión de la ayuda humanitaria que está llegando al país caribeño. Por el momento, Estados Unidos ha tomado el mando "de facto" de las operaciones sustentado, sobretodo, en su papel de superpotencia y en su infinidad de recursos humanos, materiales y técnicos. Pero, ¿existe otro motivo por el que este "ejército humanitario" ha tomado Haití?

La polémica que ha suscitado la presencia bélica estadounidense en Haití comenzó cuando los militares tomaron el control del aeropuerto nacional y de los pasos fronterizos con la República Dominicana bajo una iniciativa unilateral. Hasta su llegada, la operatividad de las instalaciones era nula, por lo que su puesta en funcionamiento era clave para el aterrizaje de la ayuda humanitaria a la zona devastada por el seísmo.

Ante el vacío de poder, los militares empezaron a gestionar el aeropuerto y a decidir qué aviones aterrizaban y cuáles se desviaban al país vecino. Francia y Brasil, además de organizaciones como la Cruz Roja o Médicos sin Fronteras, protestaron ante la preferencia de aterrizaje que parecen tener los vuelos provenientes de EEUU. Quizás el momento de mayor indignación se produjo este pasado jueves cuando los mandos militares decidieron expulsar a los periodistas de las instalaciones aeroportuarias.

“Nos quedaremos todo el tiempo que haga falta”
Washington, que ha implantado en la isla el popular lema nacional ‘Lead, follow or get out of the way’ (‘Lidera, sigue o quítate de en medio’), se defiende de estas acusaciones esgrimiendo que es la potencia más cercana a la catástrofe y que dispone de todos los medios para que las infraestructuras sean de nuevo operativas en el menor tiempo posible.

Algunos achacan este ‘especial’ interés en Haití a la caída en la popularidad de Obama, Premio Nobel de la Paz en 2009. Las últimas encuestas reflejan que menos de la mitad de los norteamericanos confían en él. De este modo, la tragedia haitiana podría estar siendo utilizada por su Administración para revitalizar su imagen tras el desgaste de los conflictos afgano e iraquí, la reforma del sistema sanitario o la crisis económica.

Un soldado saluda a un haitiano en Puerto Príncipe
Lo que sí es seguro es que la presencia de EEUU en la isla va para largo. Por lo pronto, Washington ya ha prometido una donación de 100 millones de dólares. Esta misma semana, el jefe de Operaciones Navales norteamericano, Gary Roughead, señaló que las tropas se quedarán “todo el tiempo que haga falta”, apoyando la tesis de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que ha calificado a Haití como “un esfuerzo a largo plazo”. En este sentido también se manifestó Joe Biden al señalar que se quedarían aún cuando los medios informativos se fuesen.

Otras voces apelan a la deuda histórica que une a ambos países. Las ocupaciones estadounidenses en Haití no son nada nuevo. Hasta en tres ocasiones los militares norteamericanos han tomado el control sobre el país. La última, en 2004, sirvió para deponer al ex presidente Jean Bertrand Aristide, ahora en el exilio, y que ellos mismos habían aupado al poder una década antes.

Por otro lado, los más escépticos ven en este despliegue una primera fase para la conversión de Haití en un protectorado con vistas a ser un enclave estratégico a mitad de camino entre Venezuela y Cuba, tradicionales enemigos de Estados Unidos, y, de esta manera, revertir la influencia geopolítica de ambos países en el Caribe.

Tras las primeras críticas, Obama y Jean-Max Bellerive, primer ministro haitiano, se apresuraron a emitir un comunicado conjunto en el que justificaban el mayúsculo contingente militar. Washington se defiende indicando que fueron las autoridades caribeñas las que pidieron a EEUU que asistiera al país “como fuese necesario”, calificando de “esenciales” sus esfuerzos y subrayando “el respeto mutuo a la soberanía”. Según reza este memorando, la cesión de soberanía se prolongará “hasta que el Gobierno de Haití pueda y quiera retomar sus competencias”.

Un auténtico ejército humanitario
Pero, ¿cómo y de dónde sale todo este engranaje militar si es una misión humanitaria? La ayuda exterior que EEUU proporciona se gestiona a través de la Dirección de la Oficina de Asistencia extranjera. Este organismo, dependiente de la Secretaría de Estado, es el encargado de “proporcionar liderazgo, coordinación y dirección estratégica para mejorar la eficacia de la ayuda exterior e integra la planificación de la asistencia externa y de la gestión de los recursos humanitarios”, según se puede leer en su página web.

USAID
Esta oficina, que tiene en la Usaid (Agencia para el Desarrollo Internacional) su brazo ejecutor, gestiona los programas de índole humanitario y de cooperación exterior. La Usaid, creada en 1961, desarrolla sus programas en cinco regiones, África subsahariana, Asia, América Latina-Caribe, Eurasia y Oriente Medio, hasta alcanzar el centenar de misiones. Además, desarrolla sus programas de ayuda en función de un estricto orden de prioridades en base a cinco criterios: paz y seguridad, democracia y justicia, inversión en la población civil, crecimiento económico y ayuda humanitaria. Según estos parámetros, la agencia establece una clasificación de países prioritarios para recibir su ayuda entre los que Haití ha estado siempre.

Esta macroagencia, que cuenta con un presupuesto de 60.000 millones de dólares, tiene el poder de reclamar la cooperación de las Fuerzas Armadas para llevar a cabo sus misiones, como es el caso de Haití. Así, las últimas campañas de colaboración entre el Ejército y la Usaid se han desarrollado en Bolivia, Djibouti, Filipinas, Honduras, Nicaragua y Afganistán.

Una vez que el Ejército toma parte en campañas humanitarias, la cadena de mando no está muy definida. Para América Latina y Caribe, EEUU tiene asignada a la Cuarta Flota y al ‘Southcom’ como mando militar, que cuentan con un tiempo de respuesta de 24 horas desde que se produce la catástrofe hasta que sus efectivos llegan al lugar. Es, en estos casos, cuando la Usaid pasa a formar parte del organigrama militar y no al revés.

El 'Carl Vinson' y el 'Comfort'
Estados Unidos sabe de la importancia de reforzar su papel de potencia de paz tras los conflictos en Afganistán e Iraq y la constante tensión que protagoniza con países como Irán o Corea del Norte. Por ello, Washington no ha escatimado esfuerzos y ha destinado a Haití a 14.000 efectivos, al portaaviones ‘Carl Vinson’, al buque hospital ‘Comfort’, al ‘USS Bataan’, al crucero ‘Normandy’, al ‘USS Gunston Hall’, al destructor ‘Higgins’, a la fragata ‘Underwood’, al ‘USS Fort McHenry’, a varios barcos de la Guardia Costera y a un buque de limpieza portuaria.

Pero la maquinaria norteamericana no se queda ahí. Además de los efectivos ya presentes en la isla o en camino, Washington ha puesto en alerta a 12.000 reservistas y ha creado el Fondo Clinton-Bush para aglutinar las ayudas económicas y que está patrocinado por los dos ex presidentes.

La UE, de nuevo fuera de juego
Tras el fracaso que supuso la cumbre de Copenhague, en la que la Unión Europea se vio ignorada en los acuerdos finales, el seísmo de Haití ha sido visto por la UE como la oportunidad idónea para volver a la primera línea. El problema de Bruselas, una vez más, ha sido la falta de consenso a la hora de tomar decisiones clave. Cada país ha optado por gestionar la ayuda de manera individual y aún no se ha decidido si la UE mandará un único cuerpo policial ni con cuántos efectivos contará.

Catherine Ashton, jefa de la diplomacia comunitaria, señaló a comienzos de semana que “más que ayuda militar, Haití necesita coordinación”. La irlandesa, que vive su segundo gran envite al frente de las relaciones exteriores de la UE tras Copenhague, también añadió que Bruselas “trabaja de forma muy cercana a EEUU”, pero que la ONU y el Gobierno haitiano “necesitan tener un control claro y total sobre la tragedia”.

Quizás, la visión más clara de la UE en Haití sea la expresada esta semana por Pierre Lellouche, secretario francés de Asuntos Europeos, quien señaló que Bruselas tiene un “déficit de imagen” en Haití debido a que no existe un plan de acción conjunto en la isla. Además, señaló que, en materia de cooperación, “EEUU necesita a Europa y viceversa”.

Sin duda, el que más se ha sentido ofendido por el protagonismo que ha cobrado la misión norteamericana ha sido Francia. París, antigua potencia colonial de Haití, considera que tiene el deber histórico de ayudar, por lo que el monopolio humanitario de Washington ha irritado de forma especial en el Eliseo. El secretario de Estado de Cooperación francés, Alain Joyandet, hizo público el malestar galo al indicar que “se trata de ayudar, no de ocupar Haití”, además de añadir que había pedido a la ONU que precisara el papel de EEUU en el país caribeño. Además, Joyandet señaló que “París (a diferencia de otros) no impone nada, pone sus medios a disposición de los demás”.

Estas declaraciones, con el objetivo de no enturbiar las relaciones bilaterales en medio del drama humano, fueron matizadas por Nicolas Sarkozy y el ministro de Exteriores, Bernard Kouchner, quienes afirmaron estar encantados con la labor realizada por los marines. De todos modos, Francia no se ha desligado de la misión humanitaria y es el principal valedor de la próxima cumbre para debatir la reconstrucción de Haití que tendrá lugar en Montreal el 25 de enero.

Cascos azules en el aeropuerto de Puerto Príncipe


La ONU, inoperante
Otra gran polémica es el papel de las Naciones Unidas en este tipo de catástrofes. La ONU, cuya estructura en la isla se vino abajo con el seísmo, se ha visto desbordada. Para suplir el nulo papel de la organización en Haití, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se ha apresurado en proponer a Washington la creación de una comisión ministerial para coordinar la ayuda. Esta propuesta, respaldada por Silvio Berlusconi, es vista por muchos como un intento del país carioca por hacerse un hueco en las labores de ayuda.

La ONU ya ha nombrado a Bill Clinton enviado especial de la organización para Haití y está previsto que el lunes se reúna el Consejo de Seguridad en Nueva York para analizar la catástrofe.

Por el momento, la misión de paz de Naciones Unidas en Haití (Minustash), que cuenta con 9.000 efectivos de medio centenar de países con el brasileño Floriano Peixoto Vieira Neto al frente, sigue operativa. Fuentes de la Minustash ya han declarado que la ONU no cederá el mando al frente de la misión humanitaria a pesar de que cada día se hace más evidente que la organización carece de los recursos y del personal que sí ha aportado EEUU.

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