Opinión

Massachusets se le indigesta a Obama

Viernes 22 de enero de 2010
El primer aniversario de su investidura como presidente de Estados Unidos no está siendo precisamente agradable para Barack Obama. A una pérdida más que notable en su índice de popularidad se une ahora la pérdida de la mayoría absoluta de su partido en el Senado, después de que el republicano Scott Brown derrotara a la fiscal estatal Martha Coakley en los comicios celebrados en Massachusetts para designar al sucesor en la cámara alta del fallecido Ted Kennedy. Hay que decir que Massachusetts era una de las joyas de la corona demócrata, y puede que ahí haya estado precisamente la clave para su pérdida.

Durante la campaña, a Martha Coakley se le ocurrió decir que el escaño el liza era “el escaño de Ted”, en alusión a la vacante dejada por el último representante del clan Kennedy. Su rival, el republicano Scott Brown, aprovechó para contraatacar de una manera que algunos considerarán populista, pero que no deja de tener su parte de razón: “los escaños no son propiedad de nadie más que del pueblo americano, que es quien elije quién debe ocuparlos”. Dicho y hecho. Los demócratas han pagado su prepotencia perdiendo un estado clave, ya que ahora los republicanos tendrán 41 votos frente a los 59 de los primeros, el número mínimo para poder vetar las propuestas legislativas de la mayoría. La pérdida de la mayoría absoluta hace peligrar, entre otras, la reforma sanitaria, una de las grandes prioridades de Obama. Al mismo tiempo, puede bloquear sine die otras tantas propuestas legislativas, incapaces de prosperar por no contar con la mayoría precisa. Algunas voces dentro del propio partido demócrata ya le piden a Obama que empiece a reconsiderar su modo de hacer política, lo cual, conociendo al Presidente, parece complicado. Porque complicada es no sólo la coyuntura que le está tocando vivir, sino también la erosión que supone pasar de una triunfal campaña electoral a un año de duro gobierno. Sólo resta por saber si el “filibusterismo político” volverá a adueñarse de la Cámara de Representantes. De ser así, con independencia de otro tipo de condicionantes, parte de la responsabilidad debería recaer en los demócratas que pensaron tener ganada una elección de antemano, y no se esforzaron en motivar a su electorado. Una lección, por cierto, que traspasa fronteras. O, al menos, debería hacerlo.

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