La ciudadela prehispánica de Tiahuanaco recuperó de nuevo el esplendor de su antiguo imperio con la ceremonia en la que el aimara Evo Morales se convirtió por segunda vez en el líder político y espiritual de los pueblos indígenas.
La
ciudadela prehispánica de Tiahuanaco recuperó de nuevo el esplendor de su antiguo imperio con la ceremonia en la que el aimara
Evo Morales se convirtió por segunda vez en el líder político y espiritual de los pueblos indígenas.
El centro ceremonial al que los pueblos ancestrales acudían para recibir la sabiduría de la Pachamama (la Madre Tierra andina) y tomar energía para seguir un buen camino volvió a relucir espléndido cuando Morales apareció en la puerta de Kalasasaya y recibió los bastones de mando indígenas.
El "dios sol" no abandonó, como ya ocurrió en 2006 en su primera investidura, al primer presidente indígena de Bolivia y lució radiante en la ceremonia en la que Evo Morales estuvo acompañado por una centenaria sacerdotisa aimara. "La mujer complementa al presidente por el género y la edad le aportará sabiduría para su próxima gestión como presidente", explicó a Efe Jorge Miranda, filósofo andino.
Escoltado por ponchos rojos -la "guerrilla aimara" de Morales-, que permanecieron en las murallas que bordean el templo de Kalasasaya con banderas de Bolivia y "whipalas", las enseñas de los indígenas andinos,
Morales proclamó el fin del "estado colonial".
También dio por inaugurado el nuevo
Estado Plurinacional de Bolivia y lo ilustró con un discurso en tres de los idiomas oficiales del país: aimara, quechua y español. Pese a no ser la investidura presidencial oficial, que se celebrará este viernes en el
Congreso de Bolivia y a la que asistirán varios presidentes suramericanos y el
heredero de la Corona española, Felipe de Borbón, para los indígenas el ritual celebrado este jueves constituye el acto más importante.
"En un país donde más del 60 por ciento de la población se identifica con los pueblos indígenas y en un sitio tan importante para la historia de los indígenas de toda América, esta ceremonia adquiere una importancia mayúscula", aseguró a Efe el ministro de Culturas, Pablo Groux.
El ministro recordó que Tiahuanaco fue hasta el siglo XII "cuna y destino y punto de referencia" de los pueblos del continente y su espíritu "sigue vivo por todas partes" en los ritmos, los colores, los tejidos y los instrumentos de los indígenas actuales. Este complejo arqueológico abarca más de cuatro kilómetros cuadrados que acogen grandes construcciones de piedra pertenecientes a
la cultura tiahuanacota que se originó en el año 1.000 antes de Cristo al oriente del Lago Titicaca.
Tiahuanaco, cuya primera referencia escrita sobre su cultura son las crónicas de Pedro Cieza de León de 1549, se convirtió en un imperio que comenzó en el siglo VII y que duró hasta el siglo XII. Llegó a dominar 600.000 kilómetros cuadrados hasta el sur del Perú y el norte de Argentina y Chile. Su colapso se produjo, según algunos historiadores, por cambios climáticos pero todavía hoy no se han determinado científicamente las causas concretas de la desaparición de esta cultura.
En ese recinto, declarado
Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, Morales fue investido luciendo un atuendo de fibra de llama, que en el mundo andino representa la comunicación, e inspirado en los que llevaban hace miles de años las autoridades tiahuanacotas. Miles de indígenas de diferentes regiones de Bolivia y Latinoamérica acompañaron también al presidente con sus bailes y trajes típicos, en una toma de posesión que también sintieron como suya.
"Es un ejemplo porque nosotros decimos que el hermano Evo Morales también es nuestro presidente,
de toda América y seguimos su camino", afirmó a Efe la congresista peruana Hilaria Supa Huamán, que es también vicepresidenta del Parlamento Indígena Andino (PIA). Tras su discurso inaugural, los indígenas canadienses Zane Bell, conocido como "oso blanco", y Yvonne Fulton, de la comunidad Anishinabek, llegaron a Tiahuanaco con un abrigo de cuero y un escudo para entregarle al presidente a quien, según afirmaron a Efe, consideran un "guerrero de la esperanza".
Tras el ritual, Morales y miles de sus seguidores disfrutaron de una fiesta con músicas folclóricas en la plaza de la localidad Tiahuanaco, aledaña al recinto. Los alrededores del centro ceremonial se convirtieron, además, en un enorme mercado en que cientos de vendedores ambulantes ofrecían comida y todo tipo de recuerdos de la investidura, como una película sobre la vida de Morales que, según voceaba su vendedor, relata la vida del "niño campesino que se convirtió en presidente".