Opinión

Luces de bohemia

Antonio D. Olano | Viernes 22 de enero de 2010
Parafraseando a Federico García Lorca –el desentierro de nunca acabar- que más que versos escribió sentencias, me apetece afirmar: “se acabaron los bohemios que iban por la calle solos”. De la misma manera que se podía diferenciar entre los gitanos de verde luna y los gitanos señoritos, se matizaban los bohemios callejeros, primos carnales de las gentes del hampa y los bohemios con pedriguí. Con renombre y hasta con dinerillos, disfraz ,la bohemia, elegido por gentes como Ramón María del Valle Inclán, y el otro Ramón que no precisaba de apellidos y, entre otros muchos, esa mezcla de dandi y bohemio, llamado y conocido como Marqués de Cagigal, uséase, César González Ruano. También Valle se inventó y soñó un marquesado que no disfrutó en vida. Y, sin embargo, sus herederos lo llevan entre sus importantes blasones: Marqués de Bradomín.

Valle escribió una fantasía cómico -dramática irrepetible: “Luces de bohemia”.Tiene vigencia y la seguirá teniendo – si las indeseables adaptaciones no lo impiden, aprovechándose y desfigurando el talento de sus autores- porque se trata de un cumbre de la literatura dramática universal.

Sin embargo hoy desaparecieron los bohemios que debería ser una especie en extinción protegida.¿Acaso los tratan de sustituir los “okupas”?. Estos son colectividades, mientras que los bohemios eran -¿son?- individualidades.
Tuve la suerte de conocer numerosos bohemios integrales. Sancho era un
poeta – de los de “Sésamo”- que te recitaba uno de sus poemas si le dabas una peseta a cambio. Carlos Oroza, la presencia más ruidosa del “Gijón”, no editaba sus versos sino que vendía casettes que él grababa. Ambos eran el “boca a boca” de la mejor lírica de su tiempo.

A la hora de repasar los bohemios actuales, solamente me viene a la memoria- y a la admiración- un nombre: Currro Sevilla que, tras su nombre, escribe: “artista integral”.Añade que lleva más de treinta años dejando constancia de ser un artista íntegro. Y, después, protesta:
“Me siguen puteando por un lado y por el otro, y ponen palos en mis ruedas, es decir: no me dejan vender mi propia obra con normalidad”
Suma y sigue en su denuncia:

“En un país como este, donde el “souvenir”, el intrusismo, el engaño, las falsificaciones, la piratería, pace a su antojo, existe gente que con un permiso de pintor se dedica a una galería de arte, a vender falsificaciones..Sin embargo a mi se me niega sistemáticamente una autorización para vender mi obra pictórica, autentica, viva y original”.

A Curro Sevilla le conocí, hace varias décadas, dejando sus poemas sobre los veladores de las terrazas de los café más conocidos. Después llegó a los cenáculos poéticos y organizaba, y organiza, sus propias veladas. Siempre mantuvo su postura y apostura, esa suma que se llama dignidad.

Coloca su “chiringuito”, sin molestar a nadie, en las ferias del libro, en lugares que huelan a literatura y a tauromaquia. Porque, si que él tenga necesidad de proclamarlo, es una innovación dentro del diseño taurino
También deja claro que “mucha gente quiere mi obra. Pero a infame situación a la que se ha llegado, me ha negado sistemáticamente el derecho
A sobrevivir para seguir creando”.

Si aun no conocen al penúltimo bohemio les aconsejo que se pongan en contacto con él. So oficina, su galería de arte, es la calle. O los cafetines de los barrios literarios madrileños. Su teléfono móvil es el 617809694. Todo se mundo cabe en un apartado de correos: 50.932- 28080 de Madrid.

Curro Sevilla es un personaje insólito que, si no nos ponemos a su lado, pronto dejará de ser cotidiano. Ruego que apunten estos numero en su agenda. De verdad de la buena que me lo agradecerán. Y, como decía mi admirado José María García, ojo al dato.







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