Sábado 23 de enero de 2010
No conforme con ser objeto de la Justicia argentina, Jorge Rafael Videla le debe también explicaciones a la alemana, que reabrió el año pasado un expediente que en 2007 quedó sobreseído tras la negativa del país suramericano de extraditar al ex dictador, y que de nuevo abre el purgatorio de los fantasmas del pasado, a raíz del hallazgo de los restos de Thomas Stawowiok. Un ciudadano alemán, miembro de la Unión de Estudiantes, que desapareció el 21 de febrero de 1978 a la salida de la fabrica donde trabajaba como químico. Tan sólo tenía 20 años.
Como el caso Stawowiok el régimen de la Junta Militar dejó muchos cabos sueltos y miles de familias mutiladas, sin distinción de nacionalidad, siendo Alemania uno de los países más interesados en hallar las respuesta a sus ciudadanos desaparecidos durante la dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1981; tarea que comenzó en 1990 cuando la fiscalía de Nuremberg inició contra Videla y Emilio Massera, un proceso judicial a causa de la desaparición de otros dos ciudadanos alemanes, Elizabeth Kässemann y Klaus Zieschank, que desencadenó en 2003 la orden de prisión para sendos ex generales y posteriormente la solicitud de extradición por parte del gobierno alemán, que ha aguardado de forma tenaz pero paciente todos estos años para que finalmente se imparta una justicia que no termina de llegar.
Pese a su avanzada edad, Videla y sus colegas de la dictadura, tienen una deuda pendiente que jamás podrá ser saldada, debido al impagable coste humanitario y moral que supone el derramamiento de sangre, por una guerra sucia que nunca debió tener lugar; aún cuando los responsables de semejante tragedia sean hombres de más de 84 años de edad a los que la propia justicia a veces se ve obligada a observar con la lupa de la misericordiosa ética.
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