Mariana Urquijo Reguera | Sábado 23 de enero de 2010
En la calle muchas veces se escucha que los hombres sólo pueden hacer una cosa a la vez y que una virtud de las mujeres, es justamente el hacer varias simultáneamente.
Sin embargo una amiga me contó el otro día que su hija, cuando llega del colegio, mientras merienda se conecta a internet, pone la televisión, se sirve la merienda y mientras habla con ella de cómo ha pasado el día. Si el lector no tiene contacto con adolescentes, pensará que este ejemplo refrenda la teoría de la capacidad de las mujeres, sin embargo, este ejemplo, se repite en chicos y chicas, indistintamente.
Las generaciones que se están educando actualmente tienen esa capacidad de atender a múltiples estímulos y fuentes de información a la vez, (aunque no entendamos muy bien qué concepto de atención se maneja en este caso).
Si bien esto, en la calle y aplicado a las mujeres suele considerarse una virtud, no así en los jóvenes, ya que uno de sus retos, de sus padres y de sus profesores es justamente el contrario, que aprendan a concentrarse en una sola cosa. Y si esta concentración se aplica al estudio de vez en cuando, mejor que mejor.
La falta de concentración aplicada a los estudios se une a otra realidad que ya no es emergente sino que es puro acto: la realidad es icónica, imagológica mientras que el mundo de la escuela y del estudio se debe principalmente a la lecto-escritura, lenguaje que sin concentración no se logra nunca optimizar.
Contra el lenguaje basado en imágenes que es mucho más intuitivo y que las nuevas generaciones manejan fácilmente, la lecto-escritura se degrada y los problemas que caracterizaban a los jóvenes con 14 o 15 años, ahora se ven con frecuencia en los primeros cursos de universidad, dando evidencias de que el proceso de aprendizaje de la lectura y de la escritura no se ha logrado desarrollar a un nivel satisfactorio para acceder a los niveles de análisis, crítica y comparación que son exigibles y necesarios en la universidad.
Es pues la concentración un reto de la enseñanza, de los alumnos y alumnas y de los padres y madres, pero la respuesta, en cuanto a la concentración en el estudio, no parece estar en los libros, sino en la intuición e imaginación de los profesores que ven como los métodos de enseñanza del siglo XX no valen para las generaciones del siglo XXI: y todo ello para desesperación de unos y otros.
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