Montse Fernández Crespo | Viernes 29 de enero de 2010
Sextina es una de esas nuevas palabras entrecomilladas que nos llegan con el uso de las nuevas tecnologías. Dudo que se encuentre en el diccionario de la RAE. Tampoco es posible traducirla automáticamente en las “herramientas de idioma” de Google, dado que ni siquiera el término hallará un hueco aún en los diccionarios del idioma que la originó. Yo les ofrezco una aproximación bastante certera: “Sexting: práctica que consiste en enviar por teléfono móvil imágenes denudas o excesivamente sugerentes de uno mismo o de otros mediante un mensaje SMS”.
Hace semanas barajaba la idea de escribir algo sobre el uso del mensaje corto a través del móvil, de sus consecuencias, de su evolución, de sus efectos en los que lo utilizan asiduamente. Las consecuencias más relevantes se relacionan con los cambios en el lenguaje y en el comportamiento. El recorte obligado a expresarse con 140 caracteres –so pena de pagar el envío de 2 o 3 mensajes por el texto que puede expresarse y comprenderse en 1- dio que hablar a pedagogos y defensores de la lengua que veían como los usuarios más devotos, en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes, modificaban las palabras hasta el punto de estropearlas –el empleo de la “k” en sustitución de “que” o similares-. Otra consecuencia importante reside en la transformación que se deriva de la instantaneidad, del concepto “siempre conectados”, que llega a provocar situaciones de angustia en los receptores cada vez menos acostumbrados a esperar un tiempo aceptable de respuesta. Los días de hoy se han convertido en horas y éstas, en segundos.
Tras leer el estudio publicado por Pew Internet Research en diciembre de 2009 (http://www.pewinternet.org/Reports/2009/Teens-and-Sexting.aspx), un nuevo uso del móvil y de su facilidad de comunicación mediante el envío de un mensaje corto o SMS me ha parecido más novedosa (al menos empíricamente) para comentar y dar a conocer. El informe titulado Teens and sextina nos deja de manifiesto la importancia del móvil en la vida sexual de los adolescentes y de los adultos jóvenes: un 4% de los usuarios de móvil con estas edades confiesa haber enviado fotos o vídeos de ellos mismos desnudos –o casi-, y un 15%, a su vez, afirma haber recibido este tipo de mensajes. La diferencia en el porcentaje deduzco que es debida a que las imágenes enviadas por ese 4% inicial no permanecen en su destinatario directo, sino que circulan de estos a otros, secundarios relacionados, la mayoría de las veces como si se tratara de una broma, de un juego.
Aunque la publicación constata que para muchos de ellos esta actitud forma parte o bien de su actividad sexual con su pareja o de una forma peculiar de iniciar una relación amorosa, llama poderosamente la atención el hecho de que muchos de ellos, en su mayoría mujeres, han sentido presión al inicio de su relación con un contrario, y han realizado este tipo de envíos al pensar que si se resistían u oponían a hacerlo, esa persona dejaría de interesarse en ellas: “Cuando tenía 14 o 15 años enviaba y recibía este tipo de imágenes. Los chicos solían pedírtelas cuando empezabas a salir con ellos. Y sentía que si no lo hacía, ellos no querrían volver a hablarme”. Lo sorprendente de esta y otras declaraciones sinceras, es que en muchas ocasiones fueron o son los propios boyfriends los que realizan este tipo de demanda, lo que no deja de asemejar una especie de acoso psicológico auspiciado por el uso de la mayoría devenido en perniciosa costumbre.
En este punto, el informe enlaza con otro análisis titulado Ciberbulling (http://www.pewinternet.org/Reports/2007/Cyberbullying.aspx ) en el que se desprende que el 32% de los adolescentes asegura haber recibido este tipo de mensajes sin esperarlos, que sus emails o SMS privados han sido reenviados sin su consentimiento, que alguna de sus fotografías un tanto embarazosa ha sido publicada sin su permiso, o que se ha levantado algún desagradable rumor sobre ellos en la red.
¿La tecnología nos modifica o sólo favorece nuestras expresiones? ¿El dominante machista se perpetua en el uso de ésta? ¿Las personalidades más débiles son incluso más víctimas?
No pretendo moralizar, ni adoctrinar. Sólo expongo hechos consumados para la reflexión y el conocimiento. Me declaro seguidora fiel de las nuevas tecnologías y recuerdo que mi libertad termina donde la de los otros empieza.
montsefcfr40@hotmail.com
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