Opinión

En México se vive con el Jesús en la boca

Beatriz Reyes Nevares | Domingo 31 de enero de 2010
Las ocho columnas de los diarios, los informativos cambian con la velocidad de la luz gracias al ordenador, a las redes sociales tan de moda, comulgue uno con ellas o no, que suben de inmediato de sofisticados móviles las imágenes más crueles para satisfacer el morbo del pueblo insaciable desgraciadamente cada día más aficionado a las malas nuevas. Haití ya no existe más.

Dentro del clima de violencia impunidad y corrupción imperante en algunos estados que por lo visto no quieren perder su sitio como Durango, Sinaloa, Baja California, por lo visto el Distrito Federal no quiere quedarse atrás.

Confiemos en que no quiera romperse otro record.

La terrible agresión sufrida por el centro delantero Cabañas goleador de mi equipo el América, esperanza de su país para el mundial de Sudáfrica llena por ahora todos los espacios desde hace tres días el Procurador de Justicia ha concedido inumerables entrevistas a todos los medios habidos y por haber.

El impresentable jefe Delegacional de Álvaro Obregón, el Secretario de Protección Civil se contradicen, el Procurador aparentemente ha enviado a su segundo de a bordo a ser vocero ante los reporteros ávidos, exigentes, que quieren ganar la nota.

Las hipótesis, conjeturas, juicios, prejuicios, litigio mediático, los osos, fallos, equivocaciones son enormes.

Mientras tanto no faltan los de moralina trasnochada que pegan el grito en el cielo porque un jugador de futbol tomaba copas con su esposa y su cuñado en las primeras horas de la mañana.

Como diría mi Perogrullo estos tiempos ya no son los de antes, tampoco los futbolistas.

Las figuras emblemáticas como Alfredo Di Stefano, como Antonio "La Tota" Carbajal, como los tapatíos De la Torre, como Raúl González o Pep Guardiola, Michel o el casi nuestro, Emilio Butragueño, García Aspe, Peláez y Carlos Hermosillo no deben olvidarse nunca.

Ahora hay muchos que cobran grandes fortunas en euros, en doláres que modelan ropa interior sexy que se la pasan en la noche madrileña, defeña o en Río; o los que son una triste caricatura, como Maradona.

En México un crimen como este tiene antecedentes. En Guadalajara, igual, en un bar, mataron a Muciño. Excelente jugador.

Ha habido muchas promesas inconclusas, que sufrieron o provocaron accidentes automovílisticos, en los que perdieron la vida, que quedaron mutilados o provocaron la muerte de inocentes.

Todo se les acaba de cuajo, en un suspiro, sus sueños se rompen.

Los muchachos de barrios humildes, que de pronto se encumbran, a los que la prensa deportiva y los cronistas convierten en dioses, en ídolos de barro, esculturas de arena en la playa, a los que la marea derriba.

Mientras tanto reitero lo dicho en otra columna de hace algunos meses los dirigentes de la Fifa, los de las federaciones presumen del Fair Play, se hace antidoping aleatorio, pero admiten y prohijan porras facistoides o barras bravas, a Hooligans, que consumen en los estadios grandes cantidades de cerveza, que insitan a la violencia y exigen a los jugadores muchas veces imposibles.

Ojalá que reflexionen que no cultiven tanto el ego de sus jugadores que simplementen los reconozcan como seres humanos que ejercen su profesión, su vocación, su oficio que cumplen sus sueños e ilusiones, que simplemente hacen su trabajo, unos magistralmente, otros muy bien, otros con mucho sacrificio, la mayoría normales.

Quizás a estos últimos a fin de cuentas les vaya mejor en la vida. Aunque sea sin tanta pasta.

La brevedad de una carrera simplemente por la edad, hace que muchos ahorren para tener un futuro asegurado, algunos se distraen, ya lo hemos dicho en publicitar toda clase de productos, de marcas o de instituciones bancarias y kafquianamente portando en su camiseta toda clase de anuncios. Sería mejor que amaran realmente la camiseta y pusieran todo el corazón en su carrera

En estos momentos no puede uno olvidarse de Garrincha, uno de los mejores jugadores que ha habido en la historia.

De la favela, a la gloria.

Luego la miseria y la muerte en el más absoluto olvido. Tristemente.

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