Davos fue el último ejemplo del descontento internacional con la hoja de ruta del presidente español para atajar la crisis económica. Antes, y sin excepción, el
Fondo Monetario Internacional (FMI), el
Banco Central Europeo (BCE) y destacadas personalidades de las finanzas, incluidos premios Nobel, habían mostrado su asombro ante la gestión de Rodríguez Zapatero. Es el caso de
Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York y conocido como 'Dr. Boom' ('Doctor Catástrofe'), al ser el único gran economista que supo prever la recesión global que conllevaría la crisis de las hipotecas
subprime, y uno de los que formula la receta para salir de esta situación que está conduciendo a la recuperación a la mayor parte de potencias. En Davos, esta eminencia advirtió de que "España es una amenaza para la eurozona".
En el marco del mismo Foro,
Marek Belka, director del Departamento de Europa del FMI, dijo que "la prudencia fiscal" era la clave para la resolución a la crisis, en unas palabras que acogieron con asentimiento países como Francia, Gran Bretaña o Alemania, y que suponían un toque de atención para España, que recientemente ha aprobado la primera medida de ahorro y austeridad, dos años después de la explosión de la economía.
"Es muy distinto ser gobernador de un Banco Central que presidente del Gobierno; respeto todas las opiniones, pero una cosa es opinar como experto y otra gobernar para la ciudadanía". Son las palabras que Rodríguez Zapatero dedicó a
Jean Claude Trichet después de que el primero sugiriera hace unos meses en Madrid la necesidad de una reforma laboral en España. La reacción ha llegado medio año después, obligada por la soledad con la que nuestro país encara ahora el problema y, junto con el plan de austeridad, a modo de guiño a los organismos internacionales, que no dejan en buen lugar al presidente. Pero
Jean Claude Trichet sigue sin comprender la política de Rodríguez Zapatero y, a pesar de intentar evitar hacer declaraciones al respecto, preguntado en Davos sobre la situación española, afirmó que el Gobierno "tiene deberes por hacer", sin querer entrar en detalles.
Esto no es todo. Cuatro premios Nobel –de 2001, 2004, 2005 y 2008- han criticado en los últimos meses al jefe del Ejecutivo español.
Michael Spence, en una entrevista concedida a
La Reppublica, dijo que "España ha despertado de un sueño con un fuerte dolor de cabeza y antes de que se le pase tendrá que esperar mucho tiempo".
Edward Prescott afirmó a
Expansión que "España no está en recesión económica, sino deprimida", y que "si gastas más, tienes que pagar por ello". A este mismo periódico,
Robert Lucas manifestó que "la caída en desgracia de la economía española es inversamente proporcional al milagro económico de los 90 que tantas expectativas generó", tras lo que sentenció: "España ha decepcionado económicamente al mundo". Por último,
Paul Krugman, admirado por Rodríguez Zapatero, no pudo ocultar ante un grupo de empresarios andaluces que la salida de España de la crisis será "extremadamente dolorosa" y aseguró que le "aterra" la situación de nuestra economía española.
Zapatero da la mano a Krugman, Premio Nobel de Economía. Efe
Organismos, gurús y prensa. Los principales periódicos económicos del mundo también han empleado el ejemplo español como consejo de lo que no se debe hacer. El
Financial Times se preguntó en un editorial: "¿Será capaz España de controlar su déficit presupuestario y recuperar su competitividad respetando los límites de la unión monetaria europea? Zapatero insiste en que sí. No obstante, tanto a él como a Salgado les queda mucho por demostrar".
The Wall Street Journal, no menos severo, opinó que "Zapatero persigue una agenda ambiciosa pese a ser con mucho el presidente más débil en la historia de la UE".
Todos contra Zapatero o Zapatero contra todos. Muchos ven en la del presidente español una actitud kamikaze, que se afana en defender allí donde interviene. Los hechos conducen a pensar que el socialista dirige ahora sus pasos a contentar a tanta voz crítica. Lejos de pasar desapercibido a ojos de los expertos, los más destacados señalan que no se trata de una casualidad y que la mala situación española es fruto de no haber actuado como el resto, de obcecarse en un discurso con más sonido que resultados y que, a causa de esto, la luz al final del túnel, para nosotros, es más lejana.