Miércoles 03 de febrero de 2010
No cabe duda de que José Luis Rodríguez Zapatero maneja como nadie el “tempo informativo”. Sólo así se explica el enorme revuelo que han levantado sus últimas declaraciones a tenor de incrementar la edad de jubilación hasta los 67 años. El objetivo ya está conseguido. Se trataba de poner sobre la mesa el espinoso asunto de las cuentas de la seguridad social, y las dificultades que tendrá el Estado a la hora de pagar las pensiones si la situación no varía. Es un hecho que el Presidente del Gobierno se siente sumamente incómodo cuando toca debatir sobre cuestiones económicas, tanto por desconocimiento como por los penosos resultados cosechados. Así las cosas, anunciando su propuesta a los medios de comunicación antes de hacerlo a los interlocutores ad hoc, el señor Zapatero se aseguraba su dosis de titulares y la cascada de reacciones de todo tipo que no harían sino enturbiar el debate.
Ocurre que, en esta ocasión, la jugada no le ha salido como esperaba. Hasta en el seno de su propio partido hay quien opina que un anuncio semejante debería haberse efectuado en el marco correspondiente, cual es el Pacto de Toledo; esto es, ante partidos políticos y agentes sociales. Es ahí donde deben abordarse este tipo de cuestiones, por lo demás trascendentales para el común de los españoles. Y sí, puede hablarse no sólo de la edad de jubilación sino también del sistema español de pensiones, su percepción, las cotizaciones a la seguridad social y todo un cúmulo de materias lo suficientemente importantes como para ser ventiladas con un par de titulares. Dicho lo cual, a nadie se le escapa que la mejor manera de asegurar el cobro presente y futuro de las pensiones es aportando cotizaciones. Y dichas cotizaciones las realizan quienes trabaja, por lo que se hace imprescindible una inmediata y eficaz política de creación de empleo. Pero con casi cuatro millones y medio de parados, más de un millón de los cuales perdió su trabajo en el pasado año, no hay sistema que resista.
El problema es mucho más serio de lo que parece. Y conste que la idea del Presidente no es ninguna tontería y además tendría que discutirse de manera aún más profunda y drástica: por ejemplo, ¿no tendría sentido pasar a un sistema de capitalización?. De hecho, el tema de las pensiones debería haberse planteado hace mucho tiempo. En realidad, si el señor Zapatero fuera más un gestor serio que un actor de ocasión, tendría que haber abierto el debate hace años. La razón es evidente: el actual perfil de la pirámide de edades que ahora dice preocuparle no es un rayo caído del cielo en el último año; lleva décadas apuntando en la misma dirección. Por eso, el señor Zapatero tiene un problema de credibilidad. Por eso y porque, en los últimos años, en lugar de ahorrar y manejar el dinero de los contribuyentes con prudencia, lo ha derrochado a golpe de 400 euros de alegres ocurrencias. Por eso, cuando en Dávos quiso vender una imagen de austeridad, nadie le creyó. Al contrario, la deuda española se deterioró: una ilustración de que el presidente español es hoy día el mayor pasivo que pesa sobre la imagen económica de España.
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