Opinión

¿Crisis de gobierno o Gobierno en crisis?

Jueves 04 de febrero de 2010
Pocos son los socialistas que se atreven a discrepar en público de la línea marcada por José Luis Rodríguez Zapatero. Por eso llamaban la atención las declaraciones efectuadas ayer por el presidente castellano manchego José María Barreda, en las que sugería la posibilidad de una eventual crisis de gobierno una vez terminada la presidencia semestral europea. Dicha sugerencia enlaza con la iniciativa parlamentaria que no hace mucho prosperó en el Hemiciclo y que reclamaba a Moncloa una reducción de ministerios.

Sotto voce, más de un destacado miembro del PSOE se ha mostrado partidario de ello. Pero, salvo Barreda, nadie ha osado hasta ahora alzar la voz en contra de la doctrina oficial. Si acaso, Leguina y Rodríguez Ibarra, pero ambos están ya prácticamente retirados de la vida política activa. De este modo sus opiniones, siendo sumamente válidas, no tiene al repercusión que tendrían las de -pongamos por caso- algún miembro de la Ejecutiva Federal. Precisamente Rodríguez Ibarra puso el dedo en la llaga cuando dijo que el PSOE no era sólo Zapatero, sino también su equipo, a la vez que recordaba los encendidos debates que había en Ferraz durante la época de Felipe González.

Todo lo cual viene a significar que el PSOE actual es un partido muerto, en el que la trayectoria de imagen y encuesta, vacía de contenido ideológico, emprendida por el señor Zapatero les ha conducido a una ausencia de autocrítica preocupante. El PSOE en versión zapaterista se ha quedado sin sus siglas programáticas: mal puede ser Socialista un partido que se apoya e impulsa el nacionalismo; es difícil ser Obrero apoyando balanzas fiscales, en lugar de impuestos progresivos de base individual; y mal puede llamarse Español un partido que intercambia ciudadanos por territorios. Tras el repaso que el ha dado el señor Zapatero, al socialismo español sólo le queda la P de partido como marca de su voluntad de poder.

La calamitosa gestión que de la crisis económica está haciendo el señor Zapatero, o su no menos nefasta política exterior no han merecido contestación alguna en el Comité Federal, el cual suele ser una auténtica balsa de aceite para el Presidente. ¿Son, por tanto, fiables, las reclamaciones de Barreda? Lo serían si se hubiesen efectuado primero ante quien correspondía, en lugar de lanzar un mensaje a la galería con visos a las elecciones autonómicas de 2011 y el peligro de su rival, María Dolores de Cospedal. Faltan críticos en el PSOE. Y no sólo por el bien de su partido, sino sobre todo en el interés general de toda España: un país con un fuerte perfil bipartidista desde tiempo inmemorial y que, en virtud de una sana alternancia democrática, está llamado a ser gobernado por socialistas y populares, siendo imprescindible que, en el seno de ambas formaciones, las ideas se debatan y refresquen, en lugar de marchitarse con políticas de imagen, consumiéndose sólo en ambiciones de poder.

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