Viernes 05 de febrero de 2010
El Desayuno Nacional de Oración en una cita de primer orden en Estados Unidos. Allí han acudido personalidades de medio mundo, invitadas a departir en un marco de oración sobre lo humano en relación con lo divino. Aunque organizado por una asociación cristiana, el acto en cuestión suele tener una enorme relevancia política, habida cuenta de la lista de invitados al mismo a lo largo de sus más de 50 años de historia. En esta ocasión, el protagonista era José Luis Rodríguez Zapatero, quien acudía por cortesía del propio Obama. Ocurre que la invitación ha resultado ser un regalo envenenado, porque ni Zapatero ha podido reunirse a solas con el presidente norteamericano, ni se ha librado de las soterradas críticas que ha suscitado su intervención, tanto en la forma como en el fondo.
Para empezar, el público asistente está acostumbrado a que los oradores hablen en inglés. Pero, como hemos comprobado desde hace años, el señor Zapatero es el único líder europeo monolingüe. Las comparaciones son odiosas, pero conviene recordar que Felipe González habla francés con soltura; idioma en el que José María Aznar, se defiende bastante bien, además de demostrar valentía y tesón para aprender inglés –una actitud de la que el actual inquilino de la Moncloa bien podía tomar ejemplo. Por lo que respecta al fondo, las referencias bíblicas con respecto a los jornaleros resultaron curiosas, aunque ahí nada cabe reprochar a quien elige una cita determinada en función de sus inclinaciones y preferencias. Precisamente de libertad habló Zapatero a la hora de referirse a algo en lo que parece sentirse bastante más cómodo: la Alianza de Civilizaciones.
Debería saber el señor Zapatero que en el país inspirador de la Alianza, Irán, se lapida a las mujeres adúlteras, se ahorca a los homosexuales y se condena a muerte a quienes hagan proselitismo de otra religión que no sea el Islam. Así que libertad, lo que se dice libertad, la justa. De esa sí hay en Estados Unidos, donde la cuestión religiosa dejó de ser un problema desde sus orígenes. Se asume como algo normal, de modo y manera que, ocasiones como la presente, se interpretan en clave cultural. Al igual que en España, por más que desde una óptica obtusa se pretenda crear dificultades donde no las hay. España es mayoritariamente católica y la libertad de cultos, al igual que en Norteamérica, es algo universalmente respetado y perfectamente asumido por la ciudadanía española. Así pues, desenterrar e impulsar dificultades superadas e inexistentes cuestiona la talla intelectual de quien lo hace.
Sea como quiera, la presencia de Zapatero en los EE.UU. y en foros tan destacados es siempre una oportunidad para proyectar una presencia europea muy desdibujada y una imagen de España angustiosamente necesitada de seriedad y confianza. Sus asesores deben explicarle al señor Zapatero que los EE. UU. es un país con una fuerte tradición de realismo y pragmatismo: le pedirán datos concretos y cifras verificables. Al menos, en Wall Street; los gestos, visajes y montajes mediáticos, se representan en Broadway.
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