Opinión

Visto para sentencia

Ismael Crespo | Martes 04 de marzo de 2008
Se acabó la campaña. La rutina temática de la legislatura que invadió también la campaña electoral ha terminado. Dos debates televisados. Eso es lo que ha dado de sí toda la competición electoral. Hillary y Obama estarían encantados, con la casi veintena que llevan y los que aún les quedan. Y eso que al fin y al cabo en este último debate, la moderadora (mejor "cronometradora") ha dejado algo de margen a los candidatos, al menos para molestarse e interrumpirse. Todo tan pulcro, tan blanco, tan pactado, que hasta parecía que los equipos de ambos candidatos se habían puesto de acuerdo en los cuadros y gráficos: "tú sacas éste, y yo entonces saco este otro". Qué tremendamente aburrido.


Y, ¿quién ha ganado el debate? Si la mirada la realizamos longitudinalmente, parece claro que una semana de lectura le ha servido a Zapatero para recuperar las posiciones previas al primero de los debates. A éste traía la lección mejor aprendida. Más convincente en los espacios en los que se dedicaba a leer (bien por su equipo), más hueco cuando volvía a ir por libre (enorme la pasada de frenada con la frase del PSOE como eje central de la democracia española -no hay que tomarlo en cuenta, es una de esas cosas que uno aprende en su etapa de formación partidista-). Mejor por tanto que el Zapatero de hace una semana. Pero también mejor que el Rajoy de este último debate: se repite en exceso, no vocaliza bien, hace gestos extraños a la cámara, pierde a los espectadores con tanto movimiento de ojo, y fundamentalmente, es tremendamente aburrido. Sigue manejando un discurso de refuerzo, muy centrado en sus adherentes. Pero le falta el discurso del líder transformador, aquel que hace que la gente comparta sus ideas como si fueran propias, que no adoctrina. Alguien en su campaña no lee bien los datos de las encuestas.


Rajoy ya maximizó su voto con el debate pasado, captando algunos indecisos, principalmente votantes socialistas de 2004 desencantados del "talante" de Zapatero. En esta ocasión no habrá recorrido más camino. Zapatero, por su parte, continuó la misma línea de refuerzo, pero añadió esas gotas hasta ahora prudentes de llamar a una extensa movilización de la ciudadanía. Una movilización que sin duda le beneficia. No hay más que mirar las encuestas de este fin de semana. La predicción sobre una participación más alta de la esperada hasta el momento (de 73-75 se ha pasado a predecir un 75-77), ha movido un escenario de competición que se mantenía intacto desde octubre, y así de 2 a 3 puntos de diferencia, se ha pasado a 4-5 en las encuestas del domingo.


El debate tuvo, esta vez sí, un claro ganador. Y es que más allá de los datos de encuesta emitidos tras el mismo, a mí también casi me convenció Zapatero. Digo casi, porque cuando ya me tenía en sus manos, llegó la penúltima intervención y entre bostezo y bostezo, le oí decir que al final de la próxima legislatura nuestro sistema universitario estaría entre los 10 mejores del mundo. Y ahí, sí, ahí me entró la risa, me desperté, volví a escuchar a ambos, y supe que ninguno se ganaría mi alma.


Se acabó la campaña. Y quedó vista para sentencia. El caballo ganador al que aludíamos la semana pasada, es ahora más ganador aún. Esta noche puede dormir tranquilo, aunque tiene fama de hacerlo, según él mismo manifestó hoy hace ahora cuatro años en una entrevista a la misma presentadora que oficiaba de moderadora esta noche. Si las expectativas de participación se mantienen por encima del 75 por ciento, como pronostican los analistas, el resultado del domingo no será muy lejano del que vivimos hace cuatro años. Qué frustrante, tanta energía invertida por ambos para que al final, uno vuelva a ocupar el sillón de la oposición -si los de su partido le dejan, claro-, y otro siga gobernando al vaivén de los acuerdos con partidos cuyo interés por la gobernabilidad del país -del nuestro, no del de ellos- es nulo.

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