Opinión

APOYO SIN CONDICIONES, NO

Luis María ANSON | Martes 04 de marzo de 2008
Zapatero reveló en el debate de forma inconsciente lo que piensa hacer: volver a la negociación política con Eta. Por eso quiso condicionar a Rajoy: "Sea cual sea el resultado de las elecciones apoyaré sin condiciones al Gobierno en la lucha contra Eta". Al decirlo, puso su carita de congregante de María Inmaculada y escondió sus propósitos: piensa hacer lo mismo que en la legislatura fenecida.

Apoyo sin condiciones, no. Eso sólo se exige en las dictaduras y los totalitarismos. Eso es propio de Mao, de Stalin, de Castro. Franco reclamaba siempre el apoyo incondicional. El que no se lo prestaba era traidor a España. Ningún líder político solvente, sin embargo, ningún partido que se precie de atender al interés general, puede comprometerse al apoyo sin condiciones. El Gobierno de Felipe González, sin conocimiento del presidente, según los jueces, puso en marcha una operación de crimen de Estado para derrotar a Eta. Ni se le podía ni se le debía apoyar en semejante despropósito. Yo escribí media docena de editoriales en el ABC verdadero oponiéndome a lo que se estaba haciendo. Al terrorismo hay que combatirlo desde la ley, con todo el peso de la ley pero sin salirse de la ley. El pasaje de los Gal es una sombra oscura que enturbia la democracia española.

Si un Gobierno decide la negociación política con Eta y la rendición ante la banda terrorista, porque su presidente quiere presentarse a las elecciones a toda costa como el pacificador, los partidos serios no pueden prestarle su apoyo, sino, por el contrario, combatirlo. Es ésta una reflexión elemental, racional, que admite pocas discusiones.

Rajoy no supo replicar a la afirmación mema de Zapatero. Perdió la oportunidad del k.o. Debió recordarle los Gal y concluir: "Apoyo al Gobierno en su lucha contra Eta. Sí, pero con condiciones: las que exige la ley y la dignidad del Estado. No, por consiguiente, al crimen de Estado, no a la rendición ante la banda terrorista". El líder popular, que ganó el debate, no acertó a derribar a Zapatero, que le puso la carambola como Calomarde a Fernando VII.

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