Javier Cámara | Martes 04 de marzo de 2008
El Tribunal Superior de Justicia Andaluz ha reconocido el derecho de unos padres a objetar contra la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, la conocida como EpC. Me parece bien.
Espero, además, que esta decisión siente un precedente porque, como dicen los que saben, está bien argumentada y, aunque también existe alguna decisión judicial en Asturias contraria a la objeción de conciencia a esta asignatura, se presenta verdaderamente fundamental que un Gobierno respete el derecho constitucional de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos.
Y es que en el fondo de todo hablamos de libertad. Es una cuestión de libertad. Todos queremos sentirnos libres, parece obvio, pero, en ocasiones, algo que se da por supuesto, algo que no debería discutirse, se convierte en una quimera. He aquí uno de los problemas, algo que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo, se comprueba que viene alentado, estimulado, por los que se proclaman defensores del ciudadano.
Un Gobierno debe velar porque todos y cada uno de sus habitantes sean libres, debe trabajar para que la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera u otra, e incluso de no obrar, se pueda llevar a cabo. Esto es aplicable, sobra toda explicación, al ámbito del pensamiento.
Pero qué pasa si un Gobierno se quiere atribuir la competencia de decidir por sus súbditos. Qué pasa si ese órgano, puesto supuestamente al servicio del bien común, dice que será él el que decidirá cómo se tiene que pensar. Aquí es cuando la propia naturaleza se desata, cuando el ser humano debe rebelarse contra esta injusticia, que no es otra cosa que una acción contraria a la justicia, es decir aquello que debe hacerse según derecho o razón.
Pues no sé cuánta razón se creen que tienen aquéllos que quieren restar derechos a los ciudadanos, pero nos felicitamos por esa administración de justicia andaluza que va a permitir a unos padres ejercer su derecho a que sus hijos no estudien una materia que, a su juicio, busca un adoctrinamiento moral contrario a sus valores.
No puedo estar más de acuerdo con lo que me comentaba el portavoz de la Plataforma Malagueña por la Objeción de Conciencia. Decía: "Si hay pluralismo moral por qué nos imponen uno".
Veremos cómo acaba. La quimera también es un monstruo imaginario con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón que echaba fuego por la boca. No será tan maléfico este Gobierno. ¿O sí?
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