Miércoles 10 de febrero de 2010
No suele ser frecuente en absoluto ver a la clase política española unida. En esta ocasión, el mérito hay que atribuírselo al Presidente del Gobierno, que ha sido capaz de concitar una unanimidad muy pocas veces vista, en la que la práctica totalidad de formaciones que pueblan el arco parlamentario pedían su comparecencia para debatir sobre la crisis económica. Para salvar la cara, el grupo socialista en el Congreso se apresuró a solicitar la comparecencia “a petición propia” del Presidente, pero es un hecho que de haber contado con algún apoyo, semejante comparecencia no se habría siquiera llegado a tramitar.
Ayer pudo ver Zapatero un anticipo de lo que le espera en el Congreso la semana que viene. Fue en el Senado, donde el portavoz popular Pío García Escudero le cantó las verdades del barquero ante un auditorio que compartía casi en su totalidad las críticas vertidas contra la política económica del Gobierno. La lectura que cabe hacerse de todo ello puede arrojar algo de esperanza a la hora de obtener el deseado cambio de rumbo a la errática manera de gestionar la crisis: si patronal, sindicatos y partidos políticos muestran al Gobierno su unánime descontento con el calamitoso modo en el que está llevando la actual situación económica y el señor Zapatero llega a la conclusión de que podría formarse una coalición en su contra, puede que el Presidente por fin se avenga a razones. Razones que, por cierto, llevan ya mucho tiempo esgrimiendo analistas económicos y organismos oficiales tanto nacionales como extranjeros, sin que hasta ahora haya servido más que para espantar a los mercados. Nunca hasta ahora el señor Zapatero se había visto tan falto de apoyos. Y no se trata de conjuras, sino de sentido común.
TEMAS RELACIONADOS: