2.500 ejemplares
Sábado 13 de febrero de 2010
La cotorra argentina se ha convertido en un verdadero problema en muchas ciudades españolas, como en Barcelona, la capital europea con mayor número de ejemplares de esta ave -unas 2.500 viven en sus árboles-, cuya colonia sigue creciendo a un ritmo de un 8 por ciento anual.
Aunque de apariencia simpática para los urbanitas por su llamativo plumaje verde y pico amarillo, la Miopsitta Monachus, también conocida como cotorra, además de muy ruidosa, es un animal invasor gran depredador de su entorno, que fue importado como animal de compañía. Barcelona es la capital europea con mayor número de ejemplares de esta ave.
Para edificar sus enormes nidos, llenos de recámaras y que pueden llegar a pesar hasta 150 kilos, destrozan sistemáticamente la vegetación para hacerse con ramas con que construirlos. Ubicados en la parte alta de las copas, los nidos provocan por su peso graves daños en los árboles, muchas de cuyas ramas acaban venciendo, poniendo en peligro a los transeúntes.
Aunque las palmeras son sus árboles favoritos, las cotorras no respetan cipreses, pinos ni plátanos, pero tampoco farolas o torres de tendido eléctrico, explica a Efe Joan Carles Senar, jefe de investigación del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, quien desde hace una década dirige un equipo de seguimiento de estas aves, que se encarga también de marcar con números estos ejemplares. En el último censo de 2006 se cifró su población en unos 2.000 ejemplares, que comenzaron a verse volar por Barcelona a finales de los años setenta. Libres de depredadores, se expandieron y comenzaron a criar.
Antes de prohibirse su importación, las cotorras argentinas eran muy baratas en comparación con los loros u otras especies. Muchas familias que querían tener un animal exótico se decantaban por ellas sin pensar que eran demasiado chillonas y podían resultar violentas. Resultado: sus propietarios las acababan soltando y se expandieron ayudadas por su capacidad para comer prácticamente de todo: dátiles, hierba, las piñas de los pinos y cipreses, tomates, fruta y, sobre todo, por su adaptación al pan, que ahora supone el 40% de su dieta.
Además, se nutren también de los cultivos de los huertos, como saben muy bien los payeses de los barrios de Sarrià y Horta o de localidades vecinas como El Prat, donde se han detectado casos en los que han arrasado el 80% de lo plantado, por lo que los agricultores se han decidido a cazarlas.
En Barcelona están sobre todo en la zona de la Ciutadella, y a lo largo de la Avenida Diagonal, donde hay gran número de palmeras, pero también tienen focos importantes en la Plaza Tetuán o en el Jardín de las Infantas.
No obstante, el Ayuntamiento no considera la cotorra como una plaga, ni existe aún un programa de erradicación o esterilización, y por tanto no se eliminan todos los nidos que se encuentran. "El término plaga es subjetivo para referirse a la cotorra, todo depende de si se habla con los payeses de El Prat o con algunos vecinos que las ven en la calle y dicen: '¡mira qué monas, qué bonitas!', pero no se dan cuenta del peligro que pueden llegar a conllevar si siguen expandiéndose", advierte este experto.
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