Opinión

La China que no cesa

Mariana Urquijo Reguera | Sábado 13 de febrero de 2010
Comienza el año 4708 del calendario chino. Y como China hoy forma parte de nuestras vidas, hoy, a modo de homenaje y admiración me gustaría recorrer varios lugares comunes de la china que habita nuestra ciudad de Madrid, de igual manera que lo hacen en medio mundo excepto en su propia tierra.

Son todos iguales. China es grande, China es diversa. Chinos los hay de todos los colores, de múltiples religiones y de cientos de razas. Si, si, cientos. Aunque la sabiduría popular dice que todos son iguales, es todo lo contrario. De hecho, cuando una persona de raza caucásica visita China, son los chinos los que dice: “todos iguales”, claro, que a su manera, en el chino que hablen.

China está en nuestras casa. A modo de electrodoméstico, de ropa, de zapatos, de arroz, de te, China habita nuestras costumbres, y eso nadie lo puede negar, aunque no seamos conscientes a cada rato.

Los chinos que venden de todo y a cualquier hora viven en las tiendas. Estas tiendas que nos salvan el día a día, que nos ayudan a terminar una cena porque nos faltaba un ingrediente, que nos dan de cenar una noche que llegamos tarde a casa y sin nada en la nevera, en algunos casos huelen a comida, son el salón de la tele de sus tenderos, y todos los que las frecuentamos nos prguntamos si también duermen allí. La respuesta la dejamos a las leyendas urbanas.

Los resturantes chinos abren todos los días. Esta es otra idea que circula por la calle, pero hay que atender a una diferencia entre los restaurantes chinos para españoles y los que son para chinos. Estos últimos son poco conocidos, hay menos y son menos barrocos que los primeros. La comida está compuesta por ingredientes improbables pero el sabor es infinitamente más rico que la mera soja y la salsa agridulce. Yo frcuento uno, es barato y rico, muy rico, pero he de decir que no lo he visto cerrado jamás. ¿Es que los restaurantes chinos no cierran? ¿Es que los chinos sólo trabajan?

En España viven unos 150.000 chinos, y este año celebran la entrada del año del Tigre, símbolo de fortaleza y de su poder imperial asiático. Si ellos también piden deseos para su nuevo año quizá pudieran y quisieran pedir un poco de descanso, y así los españoles no tendríamos que ver tan de frente el espejo convexo que esta cultura milenaria nos devuelve: el del trabajo improductivo, el de las mil horas en la oficina que no cunden como en el resto de Europa, y qué decir del de la máquina que no cesa en Asia y con sus inmigrantes, en el resto del mundo.

Feliz año nuevo chino.

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