Lunes 15 de febrero de 2010
El lenguaje del terror no conoce fronteras. Bien lo saben los estadounidenses, colombianos, rusos, ingleses, españoles y personas de otras muchas nacionalidades cuyo nexo en común es haber padecido en primera persona el zarpazo del terrorismo. Este fin de semana concluía su VI Congreso, celebrado en Salamanca, donde se pudieron escuchar testimonios aterradores. Es éste un tema que suele abordarse con extrema delicadeza en los países donde de manera más virulenta golpea esta lacra. Los presidentes de Rusia, Estados Unidos y Francia, por poner sólo algunos ejemplos, se han volcado con los suyos cada vez que han tenido ocasión, expresándoles un afecto tan sincero como necesario.
En España no. Aquí se hacen las cosas de otra manera. El Presidente del Gobierno debe de estar tan ocupado que no ha tenido tiempo siquiera de contestar a la invitación cursada por los organizadores de la cita. La representación socialista en Salamanca consistió en una visita fugaz del ministro de Justicia el día de la inauguración y la presencia del ex ministro -y “ex” casi todo, ya que está prácticamente apartado de la actividad política de primer orden- Jesús Caldera en la clausura. Una representación demasiado pobre para un acto tan importante. En el que, dicho sea de paso, lo único que se esperaba era cariño y apoyo a quienes tanto han sufrido. Y precisamente ahora que en Euskadi el socialista Pachi López está paliando las humillaciones, ignorancia y desafecto que el nacionalismo dispensó a las víctimas, llama la atención el desaire de José Luis Rodríguez Zapatero, por más que desde Moncloa intenten justificar lo injustificable. Para colmo, excusar su ausencia en base a los deberes que comporta la presidencia española de la Unión Europea cuando en asuntos como el de Grecia todo se guisa y se come sin intervención española es además un insulto a la inteligencia de la ciudadanía.