el chivato
Lunes 15 de febrero de 2010
Hubo un instante de optimismo para el cine español y para el teatro privado, cuando accedió al ministerio un culto Cesar Antonio Molina, ministro aperturista y cuasi independiente, que quiso organizar, por fin, los criterios para la concesión de mamandurrias y acabar con los que consideraban algunos espurios manejos. El cine lo apreció y muchos espectadores se reconciliaron con las taquillas (“Celda 211”; “El secreto de sus ojos”; “Planet 51”; “Spanish Movie”…), hasta que llegó una cineasta desorientada –o dirigida- que sembró la discordia en la cultura de un ministerio prescindible en opinión de muchos ya. Una ministra con méritos para serlo; escribió algunos guiones y medio dirigió una película que nadie vio, pero cuyo gesto, el de la ahora ministra, le gustó al Presidente… Y, punto en boca. Donde hay patrón no pintan nada los administrados.
El farolillo rojo se lo ha ganado a pulso la ministra González, al ostentar el ruboroso título de “peor valorada” por los encuestados, entre las decenas de ministros sumisos a las ocurrencias y a la voz de su amo, temerosos de perder un estipendio que, si consiguen salvaguardar siete años, les durará hasta el final de sus días, “como a cualquier trabajador”.
Sin embargo, a pesar de los políticos, al teatro no le afecta la crisis que golpea a la mayoría de las empresas españolas. Nadie sabe si por olvidar pro-blemas durante algunos instantes del quehacer cotidiano, en épocas de crisis el teatro se ve favorecido con el aumento de las recaudaciones y, sin necesidad de rebajas ni ofertas especiales. El buen teatro funciona y, buen teatro se encuentra en la mayoría de los escenarios privados madrileños, complementados con la importante programación de las salas alternativas.
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