espionaje
Martes 16 de febrero de 2010
“En el plano operativo Al Qaeda murió en las montañas de Tora Bora en Afganistán en 2002”, ha afirmado el exjefe de los servicios secretos franceses que operan en el extranjero (DGSE) en una comparecencia hecha ante el Senado parisino a finales de enero.
“De los 400 miembros activos de Al Qaeda que existían en 2001, menos de 50, y de segunda categoría, pudieron escapar a los bombardeos”, prosigue Alain Chouet. “Entre ellos, Ben Laden mismo y Ayman Al Zawahiri, pero estos no tiene ninguna aptitud operativa”. Para el que fuera máximo responsable de la inteligencia francesa contra el terrorismo islámico, “ninguno de los terroristas que han intervenido después del 11-S, por ejemplo en Casablanca, Balí, Bombay o Madrid, tenía contacto con la organización Al Qaeda”.
Alain Chouet fue invitado a finales del mes pasado a exponer ante el Senado sus ideas y experiencia sobre el terrorismo islámico. El órgano legislativo galo debe hacer frente, como el conjunto del Estado, al secuestro a finales de noviembre en el norte de Mali del ciudadano francés Pierre Camate.
Chouet, que sigue desde hace 30 años la evolución del extremismo y de la violencia política en el mundo musulmán, estima que la caracterización que se ha hecho de Al Qaeda como “hiper-terrorismo”, es debido no al hecho de ser una organización planetaria y omnipresente, “sino por haberse enfrentado a la hiper-potencia que son los Estados Unidos”.
La cuestión que el Estado francés se hace es: “si Al Qaeda – como afirma Alain Chouet – está muerta, ¿quiénes son todos esos grupos que hablan en su nombre?”. El ex-responsable contraterrorista admite que “ hay ciertamente una proliferación de supuestas Al Qaeda en Pakistán, en Irak, en Indonesia, en la península arábiga, en Somalia y en el Magreb”. Entre ellas, sin citarla expresamente, la llamada Al Qaeda del Magreb Islámico, que ha reivindicado el secuestro de Camate así como el de los tres cooperantes españoles de Barcelona Acción Solidaria, Albert Vilalta, Alicia Gámez y Roque Pascual.
Alain Chouet considera que “una gran parte de los regímenes musulmanes quieren hacer pasar a sus opositores como miembros de Al Qaeda, para poder reprimirlos tranquilamente e incluso con la asistencia de Occidente”. Una violencia islamista que sí existe, y de la que “Occidente es sólo una víctima indirecta y colateral, ya que los principales, los más numerosos y las primeras víctimas de la misma son los musulmanes”.
Todos estos grupos terroristas que operan en diferentes países del mundo, e incluso en el seno de las emigraciones musulmanas en Europa y Estados Unidos, “pertenecen en realidad a la organización de los Hermanos Musulmanes y a su rama violenta extremista que es la Yamaa Islamia”. Una nebulosa que “se ha nutrido de la afluencia incontrolada y permanente de fondos procedentes de Arabia Saudita distribuídos en todo el mundo musulmán”.
Para hacer frente a este fenómeno, hay que empezar por identificarlo correctamente, y tener en cuenta que “el imaginario colectivo musulmán está traumatizado por diversas razones: por una ley universal de sospecha que pesa sobre él; y por las intervenciones y ocupaciones militares masivas, interminables y ciegas”.
En efecto, desde hace 9 años, Occidente “golpea sin discernimiento en Irak, en Afganistán, en las zonas tribales de Pakistán, en Somalia, en Palestina, ahora en Yemen y, ¡por qué no!, también lo hará en Irán”. Para este oficial de la inteligencia francesa, “no hay que volver a repetir los errores del pasado” con intervenciones militares indiscriminadas. “La única alternativa es una alianza con los propios países árabes y musulmanes, para exorcizar la violencia islamista”.
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