Fabiola Maqueda | Martes 16 de febrero de 2010
- ¡Ahhh! Cabrón, jeji, hipo, crash, nooo, Callaros que viene la profe. puppp, que te calles, cállate tú, pppiiii, ¿puedo ir al baño?
- Hummmm, no. Treeee (me abro paso entre los alumnos). Está prohibido.
- Porfa, porfa, no puedo más. ¡Siéntate! < re/pon>, pim, pam, pum, arrggg. Buenos días, venga, vamos a empezar, sacad vuestro manual
- ¿Qué ha dicho?... Jooojooo, pumba.
- No tratéis así el material de estudio... ploof, rasss, ¡ay!, zzsstt
- ¡Mira lo que me he hecho, profe! ¿puedo ir al baño a lavarme, beber, mear...? Anda, anda, que en la otra hora no me han dejado ir. Puaaff, jiiiijaja.
- ¡Que se callen, que no oigo a su compañero! Venga, ve ya y déjame en paz, pero no te entretengas!
- ¿Puedo ir yo también?
- NOOO.
- Pues no es justo.
- SACA TU CUADERNO Y TU LIBRO AHORA MISMO. Poing, poing, trararara, (el lápiz rueda) ¡Para, Rubén, eres un niño muelle!
DIEZ MINUTOS DESPUÉS...
- Vamos a hacer el ejercicio nº 10 del tema 2 sobre lo que ya vimos del Sintagma nominal; a ver ¿quién quiere leer el enunciado?
- Yo, Yo, Yo; pero, ¿en qué página está?
- Tenéis que aprender a buscar en el índice. Desde luego, si se produce un apagón tecnológico, terminaréis naufragando en las páginas amarillas (Lo del naufragio no es una metáfora).
- ¿Os habéis repasado este epígrafe: la norma y las excepciones?
- (Coro) No lo encuentro. Jaja ja... Bisbiseo...
- ¡Venga, Juan Carlos, empieza ya! Y acordaros de que se llama nominal, porque lo constituye un nombre o un sustantivo, que es lo mismo, u otro elemento gramatical sustantivado; por ejemplo, un verbo en infinitivo: “El estudiar es necesario” . ¿Lo entendéis?
- Sííí... Sí, claro, Seño (con retintín) Nooo; Jajajajaja; Callaros, que no me entero... ¡Uy, que no se entera! Eh, tú, no te cantees.
- Ya está bien, ¿qué os pasa? ¿Queréis hacerlo uno a uno, como examen, con nota, y haciendo media en la evaluación trimestral? (Esto –la amenaza de la calificación negativa- es lo único que les importa, al parecer)
- Veis, callaros... Pues no vale, ¿qué vamos a hacer? Yo no he hablado... Ni yo, ni yo; jajajaja, yo sí, (risas). La profe del año pasado ponía partes, hazlo tú también..
- ¿Qué me estáis pidiendo, que os castigue?
- Eso no es un castigo. Es poner orden.
- Pero es que no comprendéis que sois un grupo de treinta y dos alumnos; que tenéis que poneros de acuerdo para que unos cuantos no os arrastren; que la disciplina, a los catorce años, tiene que reflejarse dentro del aula, con el esfuerzo de cada uno de vosotros... Trarara, blabla, blabla... (A los que no paran de agitar) ¡Salid de mi clase y no entréis hasta que os llame! ¡Tranquilizaros un poco y dejadnos seguir con el tema 2, sobre todo! (Salen como si de una pasarela se tratase: silban, se contonean; imitan voces de burro, vaca, perro...)
VEINTICINCO MINUTOS DESPUÉS...
- Bueno, seguimos. Lee, Juan Carlos
- “El conducir por Madrid es muy complicado”. Complicado es el sintagma nominal.
- ¿Qué tipo de palabra es complicado?
- Sustantivo... No, verbo... No sé (risas)
- Si no os aprendéis los tipos de palabras, no podéis saber qué función realizan. Lo habéis estudiado desde Primaria hasta el año pasado, y ahora otra vez lo mismo, ¿qué pasa?
- UUFFF, se nos ha olvidado. Je, ja, ja. Nunca lo supe, Ni yo... Es que profe, hace ya mucho tiempo de eso (el gracioso).
- Bueno, pues así es en la Gramática, al igual que en la Informática o en el Código de la Circulación; si no os sabéis las señales, no os dejarán conducir.
- Ya, bueno. Jajajaja. (Los de fuera) ¿Podemos pasar ya, profe?
- Os he dicho que no entraréis hasta que yo lo diga, así que ¡Fuera! (Este incidente puede acabar en Jefatura de Estudios, órgano disciplinario al fin)
CUARENTA MINUTOS DESPUÉS.... (Después de repasar la teoría de un enunciado y habiendo realizado sólo dos ejercicios)
- Quiero que hagáis para mañana los ejercicios 4,6 y 8 y que ....
- ¿De qué página? (A voces, varios)
- No entiendo la pregunta ¿cómo de qué página? De la misma en la que estamos. ¡Es increíble!
SUENA LA CHICHARRA (EL TIMBRE) EN EL MINUTO 45. Un grito salvaje, coral, se eleva por todas partes: en el aula de 3º C y en la contigua, y el mismo bramido se extiende, como un reguero, por todo el pasillo y por cada uno de los pisos, hasta que atravieses el que conduce a la sala de profesores. Y así todos los días, si ese año te han tocado los primeros cursos del Primer Ciclo de Secundaria; porque, si lo que debes afrontar es el Bachillerato, entonces sí, probablemente encontrarás más complicidad, incluso asentimiento a tus explicaciones, digresiones, lecturas, comentarios de texto..., pero también observarás con espanto que los alumnos siguen cometiendo faltas de ortografía; su capacidad de conceptualizar es inapreciable, en general; No saben citar. ni aplicar la teoría a un ejercicio corriente de literatura, sin repetir las mismas frases que son objeto de comentario; su sentido crítico no se despega un ápice de su punto de vista personal, aquí y ahora; igual les da todo lo que has pasado un lustro transmitiéndoles. Se acordarán de las gansadas de aquel compañero de 3ºC, que reventaba las clases; de la profe de Lengua y Literatura o de Ciencias Sociales que ponía notas muy bajas –y eso que ellos negocian como nadie, al peso, a la línea, todo lo que escriben torcido, con faltas, sin sentido, fuera de contexto...- pero no han tenido el SILENCIO necesario para reflexionar, inferir, construir y rendir, un año tras otro.
Las aulas de Secundaria son un trampantojo del Conocimiento, del Aprendizaje, en una sociedad en la que los ALUMNOS son, sobre todo, CLIENTES.
Y digo yo, para toda esta corriente de pensamiento que hace pares en sinonimia los conceptos de eficiencia/ eficacia o los de rendimiento/ rentabilidad ¿no creen que tampoco esa nivelación falsa favorece sus cuentas? Todo un país invierte, a través de los impuestos, para que las nuevas generaciones se aprovechen de profesionales y medios que fomenten la instrucción pública (que no su educación, ya que eso depende de los padres) y todo ese esfuerzo económico, finalmente, revierte en una disponibilidad de profesionales “a modo de carne picada” –permítaseme la brutal metáfora- que sólo favorece a transnacionales del “callcenterismo”, perdón, servicio de atención al ¿cliente?
Sea como fuera, lo que pasa en las aulas es una tragedia, porque tiene que ver con la desmemorización de la cultura; con la inanición del pensamiento; con la descerebración; con la prometida esclavitud del mercado.
En esta tesitura y ante la futura cotidianeidad, sin que nadie ponga remedio, mi propuesta es la siguiente: que aquellos inspectores de Secundaria y directores de centros con vocación política pasen a depender de los departamentos, consejerías, ministerios de INTERIOR; así, los profesores, los maestros que nos empeñamos en formar niños y jóvenes en las distintas áreas de conocimiento, podremos incorporarnos a un nuevo departamento, consejería o ministerio de INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
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