Cultura

La emergente abstracción de Monet y su influencia en los artistas del siglo XX

en el museo thyssen

Viernes 19 de febrero de 2010
Pese a que pocos son ajenos a la calidad artística de Claude Monet, hubo un tiempo en el que su nombre dejó de figurar entre los artistas de referencia. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando jóvenes pintores, que filtreaban con la abstracción, tomaron su obra como referencia. Es precisamente ese vínculo entre el pintor francés y los artistas abstractos el eje de la nueva exposición del Museo Thyssen, que podrá verse hasta mayo.

La obra de Claude Monet pasó inadvertida cuando el impresionismo flaqueaba y la vanguardia aguardaba su entrada en escena. Durante el periodo de entreguerras, sus lienzos no casaron con la tendencia artística de la época, la de la abstracción geométrica. Tuvo que pasar más de medio siglo para que sus obras volvieran a calar hondo en la atenta mirada de destacados artistas. Fue durante la segunda mitad del siglo XX cuando la intensidad expresiva de su pintura sirvió de referencia para jóvenes artistas como Pollock, Rothko o De Kooning.

El análisis de esa influencia ha sido objeto de estudio por parte del Museo Thyssen, que dedica al pintor francés una exposición en la que busca descubrir al Monet olvidado y abordar el significado de la pintura abstracta, tantas veces mal entendida.

Exposición Monet y la abstracción en el Museo Thyssen (Foto: Manuel Engo)


El hombre que con su cuadro Impresión. Amanecer dio nombre al impresionismo, corriente en la que destacaron Renoir, Manet o Pissarro, fue también quien marcó las pautas de la emergente abstracción en el arte. Con una técnica libre encaminada a desdibujar la representación pictórica, así como a estudiar la vibración del color, Monet sentó las bases de las pinceladas convertidas en manchas, del efecto de desorientación, de los reflejos y de los efectos de luz.

Fueron los expresionistas abstractos americanos y los seguidores de los informalismos europeos quienes captaron el vínculo entre lo que ellos querían representar y lo que décadas antes había logrado ya Monet. El pintor “blando, amorfo y confuso e, incluso, pasado de moda”, etiquetado así por sus contemporáneos en palabras de Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, iba a transformarse en pilar fundamental del legado de unos artistas que terminarían por ayudar a reinterpretarlo.

La observación de la naturaleza obsesionó a Claude Monet hasta mantenerlo recluido durante años frente al jardín que él mismo diseñó en su casa de Giverny. El mismo jardín que años después serviría como lugar de peregrinación de artistas en busca de la misma inspiración que hizo posible su magnífica serie sobre nenúfares o sobre el puente japonés. Dos temáticas muy estudiadas por el pintor y que forman parte de la exposición que el Museo Thyssen presenta hasta el 30 de mayo en su sede madrileña y en la de la Fundación Caja Madrid.

Exposición Monet y la abstracción en el Museo Thyssen (Foto: Manuel Engo)

En el recorrido que propone la pinacoteca, donde confronta las obras de Monet con los artistas a los que inspiró, ha sido analizada la obra del pintor francés desde su obsesión por las brumas y las transparencias, hasta la que le llevó a estudiar con insistencia los contrastes y las pinceladas aleatorias. Así, resulta gratificante observar la sintonía de colores establecida entre la Puesta de sol en Etretat (1883) de Monet y el Dorado y magenta (1956) de Rothko, o la trayectoria de la pincelada escogida por el francés para pintar uno de sus lienzos dedicados a los nenúfares, de 1907, y la de Clyfford Still para uno de sus óleos fechado en 1965.

La muestra, que reúne 107 obras, sirve para analizar la obra de uno de los grandes de la pintura marginado en su tiempo pero indiscutiblemente valorado hoy en día. Un paseo por las salas de la exposición da cuenta de que su intensidad expresiva y su profundo sentimiento por la naturaleza continúan despertando simpatía y admiración.

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