Florentino Pérez diseñó con urgencia un proyecto destinado a ganar lo máximo en el menor tiempo posible. Tras remodelar la plantilla con ilustres y costosas incorporaciones, incluido el entrenador, el club blanco no ha encontrado el buen juego ni la estabilidad necesaria para convencer a su hinchada. Con media temporada resuelta sin alardes, la sonrojante derrota en Lyon ha supuesto un punto de inflexión en la evolución del equipo y un agrio golpe de realidad a la entidad madrileña, que deberá corregir sus errores y compactar su fútbol a contrarreloj para seguir vivo en la Champions League y no tirar el año en marzo.
El
Real Madrid se enfrenta en los próximos días a la crisis de identidad más complicada desde que comenzara la temporada en el pasado mes de agosto. El equipo fue construido en verano con el objetivo preclaro de conquistar la
Champions League venciendo en la final que se jugará en el estadio
Santiago Bernabéu. Además se adquirieron a algunos de los mejores futbolistas del planeta –invirtiendo la mareante e histórica cifra de
252 millones de euros-, para recuperar el prestigio seriamente erosionado en los últimos años y, de paseo, repescar el buen fútbol que anhelaban los aficionados madridistas incluso cuando el club ganaba la Liga con
Fabio Capello y Bernd Schuster.
De la mano del contrastado entrenador chileno
Manuel Pellegrini (campeón con
River y mostrando un excelso fútbol con el
Villarreal), la plantilla merengue trataba de entenderse y compactarse a marchas forzadas. La renovación absoluta necesaria para desterrar la oscuridad del año anterior requería un intervalo de adaptación y acople para los métodos del técnico, los recién llegados y los automatismos colectivos en defensa y ataque que se traducen en éxitos. Pero el entorno del club madrileño no concede demasiado tiempo a adaptaciones y probaturas, y en las primeras jornadas de liga ya se reclamaba el buen juego que rivalizara con el fútbol de seda (y años de trabajo colectivo) del
Barcelona de Guardiola.
El irrepetible ritmo de victorias de los catalanes ha ahogado la capacidad de desarrollo del proyecto de
Florentino Pérez. Con la primera vuelta del campeonato liguero disputado el
Real Madrid es segundo clasificado a tan solo dos puntos del
Barça. Los madridistas han conseguido coger el rebufo blaugrana a trompicones, sin identidad de juego y con lagunas de concentración serias, pero con efectividad absoluta. Sin embargo el faraónico proyecto blanco se cimenta con la motivación de recuperar el trono europeo, y ha sido en esta competición donde los resultados no han acompañado, mostrando el estado de evolución del conjunto merengue en cuanto a bloque, en cuanto a equipo competitivo.
El primer golpe de realidad se produjo en la derrota en el Bernabéu ante uno de los perores
Milan de los últimos años. El equipo italiano consiguió imponerse en el feudo madrileño andando, sin fluidez de fútbol, pero sabiendo cuáles son sus puntos fuertes y qué tiene que hacer cada futbolista cuando sale al terreno de juego. El
Real Madrid, en medio del natural proceso de adaptación, se vio acuciado por las prisas y la obligación de mostrar resultados de inmediato, y como es lógico sucumbió en un mar de indecisiones tácticas. Aún así el conjunto de
Pellegrini conseguía salvar la Ronaldo-dependencia con victorias en
Mestalla y A Coruña, que revitalizaron la autoestima pero no reflejaban el estado real del equipo.
La crisis de identidad y buen juego es lógica ya que el club ha apostado por un proyecto radicalmente distinto al de pasadas temporadas, con una plantilla repleta de nuevos jugadores y algunas lagunas de planificación, como la del lateral izquierdo, sin dueño y ocupado por remiendos provisionales que se sostienen con dificultad (
Marcelo y Drenthe). Además del aspecto colectivo, en estos meses de temporada se ha echado en falta de manera sensible la presencia de un creador de juego. Tan solo
Guti, en sus escasísimas participaciones, y el repescado para la causa
Rafael Van der Vaart, han cubierto con efectividad esa función dotando de fluidez al equipo y de balones a los cracks recién llegados.
Otro de los problemas que azotan al conjunto blanco es la ausencia absoluta de dos jugadores que a priori serían protagonistas del juego del equipo:
Kaká y Granero. El brasileño no ha conseguido recuperar el tono que le coronó como Balón de Oro en 2007, completando una temporada discreta el año pasado en Milán y este en Chamartín. El mediapunta ha ofrecido gotas de su torrente futbolístico en muy contadas ocasiones, diluyéndose en intentos fallidos de regate, disparos desafinados y un cansancio que el azota desde la pretemporada. Por su parte, el “pirata” Granero se ganó un puesto en el once titular a principios de septiembre como jugador total del mediocampo, pero su rendimiento ha descendido de forma muy acusada, dejando de lado sus labores defensivas y mostrándose desacertado en cada intento de combinación con sus compañeros. Tan solo ha demostrado su clase en jugadas a balón parado, asistiendo en córners y saques de falta laterales.
La lógica futbolística apunta que con el tiempo el equipo de Pellegrini abandonará el caos actual, pulirá los intervalos de desconcentración colectiva, y subsanará la dependencia de la pegada de
Ronaldo y
Higuaín con buen fútbol y dominio de la pelota. El trabajo construcción del bloque es complicado y lento, por lo que la próxima temporada el
Real Madrid apuntará a la gloria con más argumentos futbolísticos que financieros, sin embargo el club blanco no puede permitirse otro año sin títulos, en concreto volviendo a ser eliminado en octavos de final de la
Champions League. La continuidad del proyecto se tambalea, y sobre todo, el elegido para dirigir la orquesta
Manuel Pellegrini.
El club blanco tiene que trabajar a contrarreloj para agilizar las conexiones y automatismos del conjunto y sobrevivir a este terrible e inesperado punto de inflexión que el
Olympique de Lyon le ha puesto delante. El Madrid tendrá que remontar el mal resultado del partido de ida, sobreponiéndose así a varias estadísticas negativas que han calado en la conciencia madridista y se clavarán en las ilusiones merengues hasta que pasen los 20 días que faltan para la vuelta de Champions en el
Bernabéu. Y es que el
Real Madrid no pasa de octavos de final de la Copa de Europa desde hace cinco temporadas, algo impropio de la grandeza que
Florentino Pérez quiere devolver al club. Equipos como la Roma, el Arsenal, el Mónaco y el Liverpool tumbaron a los madrileños en ediciones pasadas habiendo sacado resultados positivos en los encuentros de ida, por lo que los españoles no remontan una eliminatoria desde el año 2005.
Pero el
Madrid apela al tradicional espíritu de ilustres remontadas para afrontar el partido más importante de la temporada.
Valdano, que declaró tras la derrota en Lyon que “
nos llevamos una mala impresión del equipo”, ha querido tranquilizar a la plantilla y al cuestionado entrenador de cara a la trascendental cita.
Álvaro Arbeloa, uno de los fichajes que mejor resultado han ofrecido, ha explicado que "
La moral sigue intacta, vamos a estar en cuartos. Hay que aprovechar que estaremos acompañados por 80.000 madridistas". Incluso
Cristiano Ronaldo, el jugador que no entiende de periodos de adaptación, ha sentenciado que “
Estamos decididos a jugar la final de la Champions, no hay elección: hay que remontar".El equipo ya está conjurado para afrontar la batalla del día 10 de marzo, la mentalización para la remontada ya está en marcha, sin embargo, ¿podrá
Pellegrini acelerar el proceso de construcción del bloque para batir al Lyon, romper el maleficio de octavos de final y aguantar el ritmo del
Barcelona en Liga? Las piezas de momento no encajan en el esquema madridista, pero la urgencia no perdona y el conjunto blanco se juega la temporada frente al Lyon, el proyecto puede sufrir un accidente trascendental. El prestigio de la entidad centenaria está en juego con un proyecto en construcción. El nuevo
Real Madrid de Florentino Pérez camina estos días sobre el alambre.