Beatriz Reyes Nevares | Domingo 21 de febrero de 2010
Más de 4 millones de niños obesos en México. Se firma un acuerdo más en los Pinos. ¿Para qué? para nada "Paroles, paroles, paroles".
Quién en el país, quién en México, se va a enfrentar a las grandes transnacionales.
- Nadie-, es la respuesta. Es la cruel realidad.
¿Quién va a cancelar la publicidad de las compañías refresqueras? ¿Quién va a cancelar la publicidad de las papas, patatas fritas "a qué no puedes comer sólo una"?
¿Quién va a cancelar los chunches, pastelitos con nombres que atraen a los niños?
¿Quién va impedir que ingieran los helados extranjeros con más conservadores que las mismas momias de Egipto o las nacionales de Guanajuato?
¿Quién va a lograr el milagro que beban leche Liconsa de $4.00 litro, si en la cola para comprarla llevan el envase de un litro y medio de agua gaseosa de colores?
¿Quién va a impedir que los albañiles, los obreros de la construcción mientras hacen cola para comprar tortillas, lleven consigo su botella de 1 1/2 litros de refresco?
¿Quién va a enfrentarse a las grandes transnacionales, ¿Quién va a enfrentarse al más grande productor de pastelillos chatarra, que aportó muchísimo dinero para campañas políticas?
¿Quién va a ser el valiente que se atreva ?
Recordemos los viejos tiempos del Colegio Madrid, el Colegio de Jesús Revaque, de María Leal, de Luis Castillo, de Monserrat Escoffet. De la abuela que le daba a los críos empanadas y café con leche de refrigerio a la hora del recreo. O a las monjas del Verbo Encarnado que vendían bocadillo de huevo con frijoles. O a nuestras abuelas que preparaban el bocadillo, torta en México, con lo que había sobrado del guiso casero o cuando éramos medio internas y tomábamos agua de limón, de jamaica o de tamamarindo.
Acuerdos Nacionales pueden firmarse.
Pueden darse instrucciones.
Pueden decidirse políticas, ¿pero?
¿Qué pasa con las grandes empresas de aquí o de allá ?
Nadie puede creer que la "advertencia", aviso en las envolturas del contenido nutrimental, sirva para maldita la cosa. De hecho en letras minúsculas ya la traen, ¿entonces?
Desde luego, la gran responsabilidad está en los padres de familia y en los maestros de escuela, de todos los niveles. Ellos son los que deben velar por la salud de sus hijos o alumnos, la pereza, la abulia, las prisas y la comodidad de comprar ya todo empaquetado les resuelve la vida, por ahora muy fácil.
Esperemos que después si sus hijos contraen la diabétes u otros padecimientos, no vengan los llantos y recriminaciones, a papá gobierno, para quitarse la culpa del pecado cometido por ellos mismos, casi desde que los destetan y comienzan a darles alimentos en frasquitos en lugar de tomarse la molestia de preparar personalmente las papillas.
Rocambolesco. Ni modo.
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