Juan Federico Arriola | Lunes 22 de febrero de 2010
El fútbol es el deporte más popular del mundo, es el que despierta más emociones y es también el que más intereses económicos y políticos conlleva.
Recientemente, el entrenador de la selección mexicana de fútbol, Javier Aguirre hizo declaraciones polémicas sobre la inseguridad que vive Mëxico y su deseo de no regresar a residir al país después de terminar el mundial en Sudáfrica.
Es claro, que desde el punto de vista diplomático no fue acertada la postura de Aguirre, porque su responsabilidad como entrenador no queda en el ámbito deportivo. Una declaración de él puede tener repercusiones políticas y las de la semana pasada han provocado todo tipo de reacciones.
Por otra parte, Aguirre no ha faltado a la verdad. Desgraciadamente en México hay más inseguridad. Y quienes criticaban al entrenador mexicano de origen vasco,por su cercanía al presidente Calderón, podrán constatar ahora, que las declaraciones de Aguirre no favorecen al gobierno, al contrario.
¿Acaso criticar la situación del país precisamente por las fallas de toda la clase política es hablar mal de México? No, aunque en su caso hubo imprudencia por su calidad de representante del fútbol mexicano.
Con las proporciones guardadas, los alemanes que criticaron el ascenso de Hitler y sus posteriores despropósitos aún antes de la segunda guerra mundial, no hablaban mal de Alemania, al contrario lo hacían por amar a Alemania. Ejemplos hay muchos, me quedo en principio con dos: el escritor Thomas Mann que se exilió y el pastor luterano que se quedó en Berlin, Martin Niemöller que sufrió cárcel. Desde afuera o desde dentro, es necesaria la crítica para el ejercicio del poder
Si un cubano de hoy critica al gobierno bicéfalo de los hermanos Castro, ¿es un traidor? ¿Qué tal en Venezuela con Chávez? ¿No hay derecho a criticar a sus gobernantes?
En mi caso, de manera sistemática he criticado en medios impresos y electrónicos a los últimos cinco gobiernos mexicanos: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón y no me considero traidor, porque ellos aunque jefes de Estado y de gobierno a la vez no agotaban con sus dichos y acciones a todo México. Prefiero ser crítico que adulador. He reconocido los aciertos de los gobiernos, pero no he dejado de mencionar los desaciertos que han sido lamentablemente más.
Ningún gobierno, ni partido político puede asumir la visión total de un país. ¿Dónde quedaría la democracia y dónde estaría el disenso político que es muy válido?
Aguirre no fue diplomático, pero él tiene libertad de expresión y tiene derecho de emigrar nuevamente. Su obligación principal es hacer bien su trabajo futbolístico. No es analista político, pero tiene la misma sensibilidad de muchos ciudadanos mexicanos: estamos mal gobernados. Eso no nos convierte en los malos de la película. Critico la situación del país porque lo amo y quiero que esté mejor. No hacerlo es pasividad cobarde.
No podemos cerrar los ojos y negar la realidad. Eso ética y políticamente es reprobable.
El fútbol es una distracción útil para los gobiernos. Los ciudadanos podemos olvidar los problemas nacionales brevemente. Aguirre se ha vuelto incómodo para la clase política. Eso no importa tanto ahora, pero si en junio la selección mexicana no pasa a la siguiente fase, al entrenador lo quemarán en leña verde, porque las pasiones futbolísticas son muy parecidas a las políticas: con frecuencia la razón se nubla.
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