Carlos Loring Rubio | Martes 23 de febrero de 2010
Obama ha venido mostrando su determinación en la reforma integral del sistema de salud estadounidense. Su ambiciosa propuesta, cuya aprobación extendería la cobertura sanitaria a 31 millones de norteamericanos, se lograría gracias a la subida de impuestos a las rentas más altas y a una mayor regulación del sector asegurador. No ha podido ser. La propuesta estaba cuidadosamente calibrada para intentar relanzarla para evitar su estancamiento. Se trataba de combinar los diferentes proyectos de ley que se habían presentado por separado y que fueron aprobados por un escaso margen en las dos cámaras, para que se pudiera llegar a una versión final que fuera aprobada.
La propuesta final pretende una cobertura universal mediante una póliza de seguro médico, proporcionar subsidios para aquellos que no puedan permitirse el abono de estas cantidades. Esto extendería la cobertura a todos aquellos trabajadores con menores ingresos e impondría nuevos requisitos a las aseguradoras, para que aquellos que no disfruten de una póliza de seguros contratada por su empresa, pudieran llegar a estar cubiertos.
La propuesta final de Obama está basada en un proyecto mucho menos ambicioso que el que se remitió al Senado en primera instancia. Pero, quizás, la característica más notable de su nueva propuesta sea la modificación respecto a las fuentes de financiación del mismo. En vez de un impuesto sobre las pólizas de gran coste, cuya adopción había apoyado Obama, se impondría un nuevo impuesto sobre los ingresos anticipados de las rentas más altas.
Obama quiere ampliar los subsidios para la ayuda de las clases medias y trabajadoras, por las que estás podrían acceder a la atención médica. Para poder superar las críticas al proyecto, Obama ampliaría la cobertura a los mayores y a las persona con menores ingresos.
Todavía no hay un coste estimado del coste que supondría la aplicación de la norma, pero la propuesta está valorada por el Senado por encima de los 871.000.000.000 de dólares. La Casa Blanca estima que esta cantidad se incrementará en 75.000.000.000 de dólares en diez años, que se compensarían con recortes en los subsidios a los seguros privados y mayores tasas a las compañías farmacéuticas, entre otros recursos. Mediante un exhaustivo control del sistema, la propuesta no supondría un lastre en el control del déficit, según la Casa Blanca.
La propuesta llega como adelanto a la cumbre que sobre este asunto tendrá lugar este jueves. Pero su adopción formal requiere de un acercamiento de alineación de posturas entre demócratas y republicanos. Después de la pérdida de uno de los escaños en el Senado por parte de los demócratas, la revisión del proyecto tendrá una dificultad añadida para su adopción.
Las medidas que Obama quería implantar respecto al sistema nacional de salud se ven mermadas hasta casi una declaración de intenciones y una reforma nimia de la legislación sobre los seguros médicos en EE.UU. La clave reside en la financiación del proyecto, cuyas partidas vendrían financiadas mediante la imposición de una serie de impuestos respecto a los cuales no queda claro aún cual sería sus bases imponibles ni su cuantía.
La intención de una cobertura universal de cuidados médicos se evapora. Se ha descartado por completo la opción pública, siendo la única opción posible el acceso a seguros privados por parte de aquellos que ahora no lo pueden acceder a ellos. La cuestión, por tanto, es saber cómo incluir en el sistema de planes privados a todos aquellos que no pueden entrar en ellos en este momento. Para el logro de este fin se crearía una autoridad federal que controlaría los incrementos en el precio de las pólizas médicas y los requisitos solicitados por parte de las compañías aseguradoras. Esta medida apenas ha sido perfilada. Pero, además del precio de las pólizas habría que tener en cuenta el problema del alto coste de los cuidados médicos y de los productos médicos y farmacéuticos. Existe el problema añadido de aquellos pacientes que rebasan las coberturas que su seguro les proporciona debido al alto coste de sus tratamientos, respecto a este tema el proyecto de Obama prevé su posible solución en 2020.
Para que esta reforma descafeinada vea la luz, Obama depende de un frágil equilibrio de votos en las cámaras de representantes, en una cruenta lucha por intereses políticos y económicos. Finalmente el proyecto de cobertura sanitaria universal no hará sino enriquecer más a las compañías aseguradoras y dejando bajo el criterio de estas últimas la calidad en el tratamiento médico de aquellos que pudieran ser denominados como free-riders.
TEMAS RELACIONADOS: