Opinión

El País, los ultras y la TDT

José Antonio Sentís | Martes 23 de febrero de 2010

El diario El País, tan admirable informativamente en muchas ocasiones, ha emprendido en los últimos días una interesante cruzada contra la, a su juicio, “ultraderecha” que domina en los canales de la Televisión Digital Terrestre (TDT). Y digo cruzada, pues ocupó un amplio reportaje apoyado en un artículo de opinión, y fue continuado al día siguiente por otro artículo más en la misma línea (lo que seguramente ustedes no leyeron, pero créanme: lo hizo).

El País es muy libre de considerar de ultraderecha a quien no piense como sus editores o redactores, o tal vez alguno de ellos. Y también es normal que considere que lo que defiende ese poderoso periódico es lo bueno, lo progresista, lo adecuado y lo correcto.

El País es también libre en defender sus intereses económicos como grupo mediático, con su mencionado periódico y con la televisión en abierto que le regaló el Gobierno de Zapatero, secuela del canal de pago que le regaló el Gobierno de Felipe González, ambas concesiones con un habilísimo sorteo de la legalidad sobre el servicio público de televisión.

Y, finalmente, El País hace bien en defender al Gobierno socialista, tanto porque crea (ahora) en la bondad de la gestión de Zapatero como porque necesite apoyo gubernamental para soslayar los problemas derivados de la deuda de la editora PRISA, que probablemente se mayor que la de una decena de países africanos o alguno americano.

Para un ultraderechista, que le llamen así es una lógica definición. Para uno de derechas es más bien una exageración. Para un centrista empieza a ser un insulto, y para uno de izquierdas es una infamia. Y siendo como es la presencia de la ultraderecha en las televisiones, de TDT o no, más bien exigua, porque exigua es su representación social, llamar ultras a los tertulianos y conductores de los programas televisivos que no sean de Iñaqui Gabilondo, el asunto empieza a sonar a injuria masiva.

Tengo que aclarar, en este punto, que el asunto me concierne, y aunque no me gusta personalizar en una columna de opinión, algo he de hacerlo, puesto que participo en las tertulias de TDT, concretamente en la hospitalaria Veo 7. Pero no me preocupa el calificativo de ultra: jamás llegaré a atacar al Gobierno de Zapatero con tanta intensidad y eficacia con la que lo han hecho algunos editoriales de El País, bien es verdad que cuando se sintieron abandonados a su suerte y a su deuda por la sobrevenida preferencia de Zapatero por el grupo de la Sexta.

Lo que me preocupa es que llamen ultras a Marco Schwartz o Ignacio Escolar, excelentes adversarios ideológicos relacionados con el diario Público. O a Fernando Berlín o Margarita Sáenz Díez. O a Antonio Miguel Carmona y varios de sus compañeros de la Federación Socialista Madrileña. O a periodistas como Charo Zarzalejos, José María Brunet o Fernando Jáuregui. O a Pedro Calvo Hernando, Matías Antolín, Consuelo Sánchez Vicente, Andrés Aberasturi o Julia Navarro. Sólo por citar a quienes han coincidido conmigo en recientes tertulias, y a quienes describir de ultraderechistas es realmente imaginativo. Y no añado aquí a los periodistas del diario El Mundo, con su director a la cabeza, que intervienen por aplastante lógica, además de por su calidad periodística, en la cadena de su grupo.

Calificar de ultra a todo este grupo de colaboradores de Veo 7 es, realmente, una obra maestra de la ingeniería mediática. Algo así como si yo calificara de estúpidos a todos los componentes de la empresa, dirección, jefaturas de redacción y redactores de El País. Cosa, evidentemente, en la que no creo, y por eso nunca diría algo así de ellos. Sólo, permítaseme, de aquel que ordenó o consintió el reportaje y aquel que se prestó a perpetrarlo, y aquellos que se han entusiasmado en su exégesis opinativa. Una estupidez, en todo caso, venial y solo descriptiva, la que corresponde al que no se da cuenta de lo que tiene delante de las narices y no sabe distinguir lo crudo de lo cocido.

La estrategia progre de sobrevivir a los momentos de evidente fracaso ideológico, como los que ahora sufre la sedicente izquierda zapateril, a base de atacar con etiquetas que condicionan la reprobación social (fascistas, ultras, racistas, franquistas y demás), ha funcionado mucho tiempo. No sé si ya la han gastado demasiado, pero tal vez no. Lástima que, al mantenerse en el guión y atacar a sus competidores económicos o antagonistas ideológicos, terminen por hacer el ridículo, porque no sólo atacan a tertulianos de todo pelaje, sino a sus propios editorialistas que en días alternos ponen a caldo a Zapatero.

Como sigan así, al final lo que será un verdadero insulto es decir que eres de El País. Sin embargo, no será insulto decir que tienes acciones de Prisa, porque eso no movería al rechazo, sino a la compasión.

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