Opinión

Rebeldía y xenofobia en el frente de combate

Víctor Morales Lezcano | Viernes 26 de febrero de 2010
Los episodios bélicos en Afganistán, durante la segundad mitad de este mes de febrero, han hecho fijar la atención del ciudadano interesado por aquel escenario, en un paisaje concreto: el territorio de Majah, provincia de Helmand. Justo donde, de acuerdo con el general McChrystal, procede iniciar la operación de “limpieza” de aquel territorio por las tropas de los “buenos” afganos, a los que respaldan militarmente los americanos y sus aliados.

Se supone que, según tal acuerdo, y con tal estrategia, la amenaza talibán irá siendo reducida gradualmente, antes de que los “buenos” afganos liberen a los rehenes y limpien las provincias que han vuelto a ir copando los insurgentes de cinco años a esta parte.

A lo que parece, resultaría arriesgado pronosticar cuándo culminará esta operación bélica; y, muy en particular, cuántas víctimas civiles irán cayendo (para qué intentar engañarnos) durante el período de la ofensiva aliada.

Más allá de los cálculos hechos en los estados mayores de los gobiernos de Karzai y Obama, no será ocioso recordar aquí -por enésima vez- la existencia de la frontera inexpugnable afgo-paq que se encuentra situada en el sureste de las montañas del Hindu Kush. Una frontera, a propósito, de la que fueron vigilantes y defensores, los hombres de la tribu de los Afrid. Ellos fueron -y en parte siguen siendo- los cancerberos del corredor de Khaidar, una vía que abre y cierra el recinto norte-sur-norte de esa frontera, y que se interpone entre Kabul y Rawalpindi -ya en territorio de soberanía india-.

Mucho sabía de todo esto el conocido antropólogo estadounidense David M. Hart. Traté a David allá por los años 80 y 90, y de él aprendí algo sobre los pueblos guerrilleros, del rifle, que durante un siglo se han venido enfrentando con determinación a los británicos, soviéticos y ¿también a la alianza occidental?. No en vano, las referencias oficiales a la región y a sus moradores, hablaron siempre del Yoghistan -o país rebelde-, equiparable al bled es-siba del Marruecos de finales del siglo XIX.

Muchas “partidas” pertenecientes a las tribus habitantes de esos parajes poseían sus propios consejos tribales o Jirgas, aunque no era improbable que algunos miembros de aquéllas disintieran de los acuerdos adoptados en consejo y, consecuentemente, “se tiraran al monte”.

Aquellos guerrilleros fueron convertidos en rebeldes o insumisos, según la terminología británica, durante el período del Raj en la península indostánica. Más tarde, los insumisos pasarían a ser catalogados como insurgentes. Es decir, estaríamos en la etapa inmediatamente posterior a la independencia de la India y de Paquistán en 1947.

Cabe equivocarse en la apreciación, pero no dejar de recordar que estos inveterados guerrilleros de la frontera afgo-paq poseen un arraigado sentimiento localista, hasta tal punto que no han cejado en rechazar sistemáticamente a las tropas de intervención extranjeras -indias, rusas y británicas-. Todas ellas, desde la óptica de los Afridis, no han sido sino contingentes de invasores hacia los que no han demostrado demasiado enternecimiento al llegar la hora de la confrontación armada.

Eric Hobsbawm publicó en 1962 un libro breve sobre el fenómeno del bandidismo en cuanto inclinación de algunos forajidos a la desobediencia con respecto a la autoridad y práctica del robo -con, o sin, delito de sangre por medio-. No nos extraña que el célebre historiador del Birbeck College, en la Universidad de Londres, atribuyera su comportamiento al espíritu de protesta noble, defensa de los ideales de libertad y conciencia de desclasados. Esta connotación clasista del comportamiento rebelde es muy inteligible en los escritos de Hobsbawm.

Siendo, como es, sugestivo todavía el ensayo de Hobsbawm, actualmente parece mucho más convincente que sean el apego a un estilo de vida y a una conciencia férrea de pertenencia familiar (clánica) y territorial (el corredor de Khaidar y sus aledaños), los factores más determinantes de la insurrección en la frontera afgo-paq que las causas que aduce nuestro admirado historiador.

Estas líneas de recuerdo pueden resultar más pertinentes de lo que se cree, en días decisorios para la encrucijada fronteriza centroasiática que aguarda la llegada de las tropas aliadas, si acaso penetran en ella.

TEMAS RELACIONADOS: