Opinión

Carta y anexo

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 26 de febrero de 2010
Cádiz, a 9 de enero de 1958

Querida Madina:

Tal como pediste tras la muerte del general Juan Luis Beigbéder Atienza, aquí te envío su biografía resumida y un tanto novelada. Disculpa el retraso. Espero te guste, y te sirva para la confección de esa gran obra sobre los generales que ayudaron a Franco en la Guerra Civil, y que luego no han seguido siendo tan leales con el Generalísimo. Quizás eran más leales a la causa que a la persona o que la persona dejó de ser leal a la razón del Alzamiento. Tuyo siempre, que te quiere y te añora,
Luis de Santullán

1. De entre todos los manchegos del llamado “bando nacional” emerge la figura del coronel alcarreño Juan Luis Beigbeder Atienza, nacido en 1888 y muerto en Madrid en 1957. Aunque militar – y militar cultísimo -, sus funciones como agregado militar en las embajadas de París y Berlín durante el Reinado de Alfonso XIII y en la IIª República durante el gobierno de Gil Robles, lo convierten en diplomático “sensu stricto”, y dada su brillante ejecutoria diplomática durante la Guerra Civil como mano derecha del general Jordana, Primer Ministro de Asuntos Exteriores de Franco, a la hora de comprometer seriamente a los alemanes, así como al jalifa Muley Hassan y al gran visir de Tetuán, en la causa rebelde, podemos decir que fue el mejor diplomático de la Guerra Civil del bando rebelde. Y lástima que se encuadrase en el campo de los rebeldes, en el bando franquista. Para Halifax y Bonnet, Beigbeder era un político encantador, por su cultura y sus suaves modales, que chocaban con los modales violentos e insultantes de Álvarez del Vayo, el comunista Ministro de Estado de la República. Hasta sir Robert Hodgson, un mes antes de acabar la Guerra Civil, redactó un auténtico panegírico a Jordana y Beigbeder.

1. 1. Desde su adolescencia en la Academia Militar de Guadalajara, Juan Luis Beigbeder Atienza se interesó por las culturas y las lenguas extranjeras, tanto occidentales ( desde los diecisiete años hablaba el francés y el inglés con perfecta corrección ), como orientales ( ha sido el militar español mejor conocedor de la lengua árabe ). Durante los dieciséis años que pasó en el África española se dedicó a estudiar con ahínco las lenguas y dialectos árabes, las costumbres y la psicología de los musulmanes, teniendo al coronel inglés de principios del siglo XIX, W. Jones, el gran estudioso y entusiasta del sánscrito, como el paradigma perfecto del militar colonialista. Su perfil de militar intelectual apasionado con la filología árabe no le enfrió su incuestionable valor en las batallas, como lo demuestran sus audaces intervenciones en importantes acciones de guerra contra los moros en Fandak, Ain Yedida, Beni Goriet, Beni Hosmar, Beni Salem y en la marcha sobre Xauen. Al producirse el terrible desastre de 1921 de Annual, Dar Drius, Monte Arruit y Nador, se trasladó a Melilla para organizar las escasísimas fuerzas de socorro a dicha plaza, entrando en contacto con los entonces teniente coronel Millán Astrai y comandante Franco. Juntos organizaron la defensa y liberación de la ciudad sitiada. La “diplomacia” de Beigbeder sirvió para que no cundiera el pánico en la población melillense amenazada. Toda la zona oriental marroquí, desde Tánger a Melilla, fue campo de acción del teniente coronel Beigbeder. Cuando llegó la paz volvió con pasión a sus libros de árabe, y procuró fomentar esa clase de estudios entre sus compañeros y subordinados a fin de alcanzar un conocimiento completo de la siempre llena de matices alma musulmana.

1. 2. Demasiado liberal e intelectual para ser franquista, Juan Beigbeder, Alto Comisario de Marruecos nombrado por Franco al inicio de la Guerra Civil, protegió a todos los arabistas demócratas que pudo, como es el caso de Julio Tienda Ortiz, a quien le encomendó diversas misiones en España, relacionadas con los hospitales marroquíes y, finalmente, ayudó a “este rojo peligroso” a establecerse en Tánger con su mujer y su hijo, salvándole no sólo de la cárcel, sino también de una segura ejecución. Sin embargo, en el Alzamiento su participación fue absolutamente vital para Franco, pues gracias a su pasión por lo árabe consiguió la firme adhesión de todos los sectores de la sociedad musulmana. Sin este Lawrence de Arabia español, Franco hubiera fracasado en los primeros días de la contienda. Más aún, mientras Beigbeder en un correcto árabe trataba de animar a los moros para presentarse como voluntarios en el ejército de la causa nacional, y combatir a “los rojos que ofenden a Dios”, descubrió por un joven marroquí al que animaba que un agente del gobierno republicano, llamado Cerdeira, había recibido órdenes de Prieto, para agitar los ánimos de los independentistas y descontentos contra la Administración española del Protectorado, y así levantarlos en armas contra los cuarteles y las nuevas autoridades españolas en Marruecos. La intervención del coronel Beigbder frenó en seco este levantamiento de la morisma contra las tropas nacionales colonialistas. Gracias a su profundo conocimiento de la psicología musulmana convenció a los moros de que la causa de Franco era más interesante y ventajosa para ellos que la causa republicana. Desde luego nos falta una tesis que estudiara el discurso parenético de Beigbeder en esta situación crítica, pues revelaría sin duda las razones que llevaron a los marroquíes a apoyar paradójicamente al que había sido el peor enemigo de la causa marroquí hacía sólo quince años, y ya famoso por su crueldad en la guerra colonial.

1. 3. Los primeros servicios importantes que prestó Beigbeder como diplomático fueron sus informes al ministro de la Guerra Gil Robles en relación con los sucesos internos de Alemania en 1933, en su calidad de agregado militar de la embajada de España en Berlín. Más aún, las nuevas relaciones de la República española con el nuevo régimen naciente en Alemania se formularán a través de los primeros trabajos diplomáticos de Beigbeder con la Alemania de Hitler. Durante su estancia en Berlín, el teniente coronel Beigbeder se hace amigo íntimo del teniente general Erich Kühlental, miembro del servicio de inteligencia de la Reichswehr en la capital alemana. El primero fue enviado de vuelta a España en octubre de 1934, antes de incorporarse a su nuevo destino en Xauen, en Marruecos, y el segundo fue nombrado simultáneamente para París y Lisboa, como agregado militar. En otoño de 1935 los dos grandes amigos se encontraron con motivo de la gira que Kühlental emprendió a través de España. Y los contactos se mantuvieron ininterrumpidos hasta el 17 de julio de 1936, en que la amistad personal que unía a Beigbeder con Kühlental facilitó por completo la autorización de las autoridades de Berlín para que Franco obtuviese los aviones que debían transportarle a los miles de moros voluntarios bloqueados en Marruecos. También fueron fundamentales los contactos de Juan Luis Beigbéder con el agregado militar del consulado italiano en Tánger, Giuseppe Luccardi, a quien presentó un cuadro negro de la situación de los patriotas recientemente sublevados, e inmediatamente Luccardi, que conocía a Beigbéder desde hacía años, transmitió desde Tánger a Ciano las necesidades inmediatas que suplicaba Franco: 12 aviones de transporte, de tipo Savoia-81, 10 aparatos de caza, 3000 bombas de aviación, 40 ametralladoras antiaéreas y cuatro o cinco barcos de transporte. El 2 de agosto todo este material imprescindible para iniciar la guerra llegó a Melilla. Las gestiones de Beigbéder volvieron a resultar eficacísimas.

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