Luis María ANSON | Sábado 27 de febrero de 2010
A muchos les parece delirante que la diplomacia de Zapatero acepte la tiranía de Castro como una democracia pluralista plena y niegue carácter democrático a Honduras, donde el golpista se ha retirado y las elecciones celebradas han resultado impecables. El presidente español mantiene desde sus años mozos una deuda discipular con Fidel Castro. Zapatero, rendido de admiración desde siempre por la obra del tirano, no ha vacilado, incluso, en plagiarle descaradamente. Tengo ante mis ojos el discurso que Castro, con el título Diálogo de Civilizaciones, pronunció el 12 de junio de 1991 en Río de Janeiro. Aboga el líder cubano por la alianza de civilizaciones para impedir, sobre todo, que el egoísmo de las naciones profascistas lesione de forma irreparable la ecología del planeta. Zapatero, al sumarse a la teoría castrista, ha ido incluso más lejos porque para nuestro presidente, en ese diálogo, la civilización superior que es la islámica debe impregnar a los pueblos occidentales que soportan desde hace siglos la decadente civilización cristiana.
El plagio de Zapatero al Diálogo de las Civilizaciones de Castro demuestra la deuda discipular del presidente español con el magisterio del líder cubano y contribuirá sin duda, gracias al apoyo de Chávez y Evo, y al verbo encendido de Pepiño Blanco, a establecer una nueva justicia social en todo el mundo, entre otras razones porque la voladura de las Torres Gemelas o los atentados de Madrid y Londres fueron meros accidentes que no deben interrumpir la Alianza de las Civilizaciones, iluminada desde España por el faro zapateresco.
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