Domingo 28 de febrero de 2010
Los esfuerzos llevados a cabo por reducir la siniestralidad al volante en España han dado buenos resultados: un éxito del Gobierno del que todos debemos alegrarnos porque a todos beneficia. Ello se ha traducido en un significativo descenso del número de muertos en carretera, lo cual es una excelente noticia. La sociedad en su conjunto se ha concienciado de la importancia que tiene extremar las medidas de seguridad cuando se conduce, con especial atención a la mala combinación alcohol-coche. De ahí que el incidente protagonizado recientemente por el presidente de Nuevas Generaciones del Partido Popular y hombre de confianza de Rajoy, Nacho Uriarte, sea especialmente grave. Uriarte tuvo un percance a altas horas de la madrugada, embistiendo con su vehículo a otro que resultó un siniestro total. La tasa de alcoholemia de Nacho Uriarte superaba con mucho los límites de lo legalmente establecido, por lo que le fue impuesta la correspondiente sanción.
Pero es que, además, se da el caso de que Nacho Uriarte estaba en la comisión de seguridad vial del Parlamento, de la que -como no podía ser de otra manera- se vio obligado a dimitir. Eso sí, sigue conservando su acta de diputado, así como sus responsabilidades dentro del partido y, por lo visto hasta ahora, también cuenta con la confianza de la dirección nacional. Pero no debería de ser así. Bien es verdad que Nacho Uriarte no ha cometido ningún delito grave, pero el hecho de conducir ebrio y provocar un accidente pudo haber tenido consecuencias mucho peores de las que afortunadamente tuvo. Está mal coger el coche cuando se ha consumido alcohol, pero es mas grave si además quien lo hace tiene una responsabilidad pública y, por tanto, obligación de dar ejemplo con su propia conducta. Y si por encima el infractor pertenece a una comisión de seguridad vial del Congreso de los Diputados, debería extremar su prudencia. Es una de las servidumbres del cargo. Por eso no se entiende el breve tirón de orejas con el que se ha saldado la alcoholemia de Nacho Uriarte. Ya no está en la comisión, faltaría más. El tema está en si debería seguir ostentando responsabilidades dentro del PP alguien que ha cometido semejante torpeza. Por muy fiel que sea a Rajoy. La imagen en política es muy importante, y la que da el PP con este tipo de situaciones dista mucho de ser modélica.